Si las vacas no comen dólares, ¿por qué sube el precio de la carne? El director del Instituto Nacional de Estadística, Humberto Arandia, mencionó durante una de sus presentaciones que el aumento de la carne no podría atribuirse al dólar paralelo que hace ya varios meses es una realidad innegable. En sus palabras: “Ustedes creen que el precio del pasto para el engorde de ganado está definido en dólares? Definitivamente no” (El Deber, 2025)1.
La autoridad también mencionó que insumos como vacunas y medicamentos, que serían importados, y por tanto dependientes de las fluctuaciones del dólar, representarían apenas el 7% de la estructura de costos de los ganaderos. Sin embargo, ¿es cierto que el precio de la carne es ajeno al problema cambiario?
Antes de iniciar con nuestro análisis, partamos con el siguiente hecho: Tanto la carne como uno de sus principales insumos, el maíz, han aumentado su precio de manera considerable en los últimos meses, según se puede observar en el primer gráfico.
En la siguiente sección se expondrá cómo es que se ha llegado a esta situación de aumento de los precios, tanto por factores relacionados a la escasez de divisas (dólares), como a las variaciones dentro de los propios eslabones productivos en moneda nacional.
¿Por qué suben los precios?
Es importante que, desde un inicio, descartemos que los precios de una economía se fijan de manera arbitraria. Los precios no los pone el empresario, en este caso el ganadero, sino que se acomodan a la interacción entre la oferta y la demanda. Luego, el aumento de los precios no se debe a un súbito arrebato de avaricia por parte del sector productivo. No es que, de repente, las ansias de beneficios, dormidas hasta entonces, reemergieron entre las pasiones de los ganaderos, impulsándolos a subir el precio de la carne.
Antes bien, hay que reconocer que la subida del precio de la carne responde a un aumento de otros insumos que requiere la actividad ganadera y que afecta su estructura de costos. Para comenzar, como se puede observar en el siguiente gráfico, los insumos del sector en cuestión han aumentado considerablemente. El maíz pasó de un IPC de 99,88 en enero de 2022 a uno de 129.22 en abril de 2025.
La idea de que el precio de la carne no aumenta porque sólo el 7% de la estructura de costos del sector ganadero depende de bienes importados tampoco resiste un mayor análisis.
Esto es así porque, si miramos el Índice de Precios al Productor (IPP)2, veremos que hubo un aumento considerable en los precios, tanto para productos nacionales como importados. Para el sector pecuario pasó de 104,03 en enero de 2022 a 207,88 para marzo de 2025.
En el caso del IPP agrícola, otra industria importante para este análisis, este pasó de 93,33 a 137,98 durante el mismo periodo.
Si además consideramos el Índice de Precios al por Mayor (IPM)3, la situación se mantiene en el mismo marco. Según se observa en el tercer gráfico, el IPM importado pasó de 100,1 en enero de 2022 a más de 142 para marzo de 2025. En el mismo periodo, el IPM nacional pasó de 96,11 a 123,81.
En resumen, aunque es cierto que las vacas no se alimentan de dólares, sí que lo hacen de productos importados, como las semillas usadas para el pasto que consumen. Además, su mantenimiento y cuidado depende de otros tantos productos importados, como vacunas, medicamentos e insecticidas. Aunque las vacas no se alimentan de dólares, estos sí que son usados para comprar otros insumos que sirven para su engorde.
Ahora bien, incluso si quitamos todos los productos de origen extranjero, es decir, aquellos que de manera directa dependen del tipo de cambio, veremos que el resto de los productos de origen nacional estuvo expuesto en no menor medida a los embates de la inflación. En otras palabras, así como el producto extranjero se vuelve más costoso por la brecha del 100% entre el dólar oficial y el paralelo, el insumo nacional también se ha vuelto más caro por la creciente inflación, forzando ajustes en los precios finales que el consumidor tiene que pagar.
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Conclusión
Antes que un problema que enfocarlo como un problema de especulación o de costos por intermediarios, las autoridades deberían reconocer que el aumento del precio de la carne no es un fenómeno aislado, sino uno que acompaña al aumento generalizado de los demás precios. La inflación se debe, como ya se ha tenido ocasión de argumentar, a la degradación del activo del Banco Central, afectando la calidad y demanda de su pasivo, es decir, los bolivianos que usamos en nuestras transacciones diarias.
Los precios suben porque nuestra moneda, el boliviano, vale cada vez menos. ¿La causa? Un gobierno que, por su tendencia a gastar más de lo que ingresa, imprime cada vez más dinero con menores respaldos de calidad. Identificar el problema detrás del aumento de la carne es fundamental para evitar que políticas públicas, como la suspensión de la exportación de carne, que no hace sino impedir el ingreso de las tan necesarias divisas, sigan impactando de manera negativa a la economía de los bolivianos.
1El Deber (2025) El INE niega que el alza de la carne se deba al dólar y apunta a costos locales, recuperado de: https://eldeber.com.bo/economia/el-ine-niega-que-el-alza-de-la-carne-se-deba-al-dolar-y-apunta-costos-locales_513231/.
2El IPP mide las variaciones mensuales promedio en los precios de bienes y servicios ofrecidos por los productores en el mercado interno, proporcionando una visión de la inflación en la etapa previa a la comercialización
3El IPM refleja los cambios en los precios de bienes transados en el canal mayorista, diferenciando entre productos nacionales e importados, capturando el momento en que los bienes pasan del mayorista al minorista.