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ECONOMÍA INTERNACIONAL

Síntomas de Enfermedad Holandesa en la producción boliviana

El control sintético construye una Bolivia paralela que nunca vivió el boom del gas. Frente a ella, la manufactura boliviana quedó dos puntos del PIB abajo — y no los recuperó cuando el auge se apagó.

11 min de lectura
Síntomas de Enfermedad Holandesa en la producción boliviana

En la primera entrega planteamos qué es la Enfermedad Holandesa y por qué sospechamos su presencia en Bolivia. Ahora buscaremos los síntomas de forma concreta. Para esto nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Cómo reacciona la producción de cada sector al boom en el sector de hidrocarburos en el país?

¿Cómo responderemos esta pregunta?

Para estudiar la Enfermedad Holandesa usaremos el marco de Oomes y Kalcheva (2007), un estudio que ordena los síntomas en base a la producción de cada sector en la economía, los resultados esperados por sector los tenemos en el Cuadro 1. En el cual vemos tres secciones, el Efecto Gasto, el Efecto Movimiento de Recursos y Efectos indeterminados. El “efecto de Movimiento de Recursos” (también llamado desindustrialización directa): Dado que los hidrocarburos tuvieron un auge, el gas paga mejor que todo lo demás, el trabajo y el capital se mueven hacia esta industria, ese sector se expande y los demás reducen sus factores de producción. El “efecto de gasto” (también llamado desindustrialización indirecta): la renta que entra aprecia el tipo de cambio real, encarece lo que el país produce frente a lo que importa, castigando a los sectores transables, mientras los no transables se benefician de una demanda interna más grande, aumentando su demanda.

EfectoHidrocarburosManufacturaServicios
Efecto de movimiento de recursos+−−
Efecto de gasto−−+
Efectos combinadosindeterminado−indeterminado
Cuadro 1. Síntomas de la enfermedad holandesa sobre la producción de cada sector. Fuente: Oomes y Kalcheva (2007).

Cabe aclarar que ambos canales pueden operar de manera simultánea pese a estar impulsados por fuerzas opuestas, dando como resultado la sección de efectos indeterminados. Consideramos que solo hay un sector que reacciona de la misma manera en todos los casos, la manufactura, misma que en todos los casos debe contraerse. Además agregaremos a nuestro estudio un sector más, la agricultura. Dado que en las economías en vías de desarrollo la agricultura suele representar una porción significativa de la economía y, al ser un bien transable, queda expuesta al mismo mecanismo que golpea a la manufactura. Es precisamente lo que documenta el estudio de Benjamin et al. (1989) al estudiar el caso camerunés.

Analizaremos entonces cuatro medidas de valor agregado sectorial, expresadas como porcentaje del PIB: agricultura, industria, manufactura y servicios, variables usadas como proxy de la producción de estos sectores. Aclarando que los hidrocarburos se clasifican dentro de la industria, por lo que ese agregado es nuestra mejor aproximación disponible al “sector en auge” del cuadro.

Antes de mirar los resultados tenemos que entender la herramienta que usaremos. El problema de fondo es que no tenemos una Bolivia de control, no existe un país idéntico que no haya vivido el boom del gas y con el cual comparar. Sin ese punto de referencia es muy difícil evaluar si el auge derivó en síntomas de enfermedad holandesa, y por eso recurrimos al control sintético, método propuesto por Abadie et al. (2010), con el que armamos una Bolivia artificial.

El método toma varios países parecidos y usa un conjunto de variables predictivas para capturar las principales características de la variable de estudio, a cada país le asigna un peso, buscando replicar a Bolivia con la mayor precisión posible en el período previo al tratamiento. El resultado es una “Bolivia sintética” que se comporta casi igual que la real antes del boom. Si en ese tramo ambas trayectorias coinciden, la diferencia que aparezca después puede atribuirse al evento estudiado. Replicando a una Bolivia paralela que nunca vivió la bonanza.

Considerando esto, para comprender los gráficos tenemos que tener en mente las siguientes tres cosas. Primero, la calidad del ajuste previo: qué tan cercanos son los valores antes de 2003, año que identificamos como el inicio del boom. Si la Bolivia sintética no replica de forma cercana a la real antes del corte, no podríamos interpretar los resultados posteriores al corte. Segundo, el tamaño de la brecha posterior, es decir, cuántos puntos porcentuales del PIB separan a la Bolivia real de su contraparte sintética una vez iniciado el boom. Y tercero, la comparación entre ambas: si la separación posterior es significativamente mayor que el desajuste previo, el quiebre puede ser atribuible al objeto de estudio.1

Considerando estos tres puntos, podemos proceder con nuestro análisis, empezando por la Industria.

Industria

Al contener a los hidrocarburos, la industria es un sector en el que de manera lógica esperaríamos un incremento. Considerando el periodo previo al corte, el ajuste es muy cercano y replica de forma adecuada a la Bolivia real. El Gráfico 1 nos muestra que a partir de 2004 la Bolivia real se distanciaba de forma significativa y no vuelve a cruzarse con su contraparte sintética. El efecto promedio de tratamiento es tres puntos porcentuales entre 2004 y 2014 y alcanza un máximo de casi +5 puntos en 2011. Mientras la industria del control sintético se contrae suavemente, de un 26 % del PIB a cerca del 23 %, los valores de la Bolivia real suben hasta superar el 30 %. El efecto promedio de tratamiento posterior al corte es de +2,3 puntos porcentuales, lo que significa una separación post 2003 más de cuatro veces mayor que el desajuste previo.

Hay un detalle que no podemos dejar pasar por alto, y es que la brecha se achica posterior al 2014. Desde 2015 la ventaja industrial se desinfla, aunque se mantiene por encima de su contraparte sintética. Esto sugiere que la expansión del sector en auge no fue una transformación productiva duradera, sino el reflejo contable de una renta que subió y bajó. Bolivia se industrializó en la estadística mientras había grandes cantidades de gas con precios altos, y dejó de hacerlo cuando sus reservas decayeron, algo esperable recalcando que el gas es un recurso NO RENOVABLE.

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Manufactura

Si la industria nos muestra al sector en auge ganando terreno, la manufactura debería mostrarnos la otra cara de la moneda. Es la única casilla del Cuadro 1 que bajo cualquiera de los dos canales debe contraerse. En este control sintético, el ajuste previo vuelve a ser estrecho.

El Gráfico 2 muestra dos líneas que se separan y nunca vuelven a cruzarse. La manufactura boliviana cae del 13 % del PIB en 2002 al 10,2 % en 2023, mientras la de su gemelo se estabiliza en torno al 12,7 %. La brecha se profundiza de −1,7 puntos en promedio entre 2003 y 2010 a −2,2 puntos entre 2011 y 2023, con una diferencia máxima de −2,9 puntos en 2014. El efecto promedio es de −2,0 puntos porcentuales y el quiebre es aproximadamente tres veces y media mayor que el desajuste previo.

Sin embargo, lo más llamativo no es la magnitud sino el contraste con lo que vimos en la variable anterior. La ventaja industrial de la Bolivia real se desinfló cuando cayeron los precios. La desventaja manufacturera no: su brecha en 2023 es prácticamente la misma que en el peor año del boom. La capacidad productiva se pierde en dos décadas de desventaja competitiva, y no recupera esta capacidad productiva al corto plazo. Esa asimetría es lo que genera la desindustrialización, un costo duradero y muy doloroso de este fenómeno.

Servicios

Considerando que si domina el efecto de gasto, la mayor demanda interna debería expandir este sector, pero si domina el efecto de movimiento de recursos, deberían contraerse al perder factores de producción frente al sector en auge. El ajuste previo es el menos preciso de las variables estudiadas hasta ahora, aunque sobre una serie que ronda el 50 % del PIB, convirtiéndolo en el sector más grande.

El Gráfico 3 nos muestra que los servicios bolivianos caen del 52,3 % del PIB en 2002 al 40,2 % en 2013, mientras que su contraparte sintética sube de forma sostenida posterior al año de corte. La brecha llega a −14,2 puntos porcentuales en 2013 y con un efecto promedio de tratamiento de −8,7 puntos porcentuales, la diferencia más grande de todos los sectores estudiados, denotando un gran y persistente impacto negativo en el sector. Desde 2015 se reduce, pero en 2023 sigue en torno a −7 puntos porcentuales.2

Con las cautelas del caso, si el auge hubiera funcionado sobre todo inflando la demanda interna de bienes no transables, veríamos exactamente lo contrario a lo observado en el Gráfico 3.

Agricultura

Nos queda el sector que el cuadro no contempla y que en una economía en desarrollo no se puede ignorar. El control sintético para la agricultura tiene un buen ajuste previo: antes de 2003 ambas líneas se separan en promedio menos de ocho décimas de punto porcentual, sobre una serie que ronda el 13 % del PIB.

El Gráfico 4 muestra un patrón en dos tiempos que el promedio esconde. Durante los primeros años posteriores al corte Bolivia se mantiene ligeramente por encima de su contraparte sintética, pero desde 2007 se hunde por debajo y la brecha se vuelve negativa justo cuando las rentas del gas alcanzan su punto más alto (entre 2010 y 2015) años en los que la agricultura boliviana produce en promedio un punto porcentual menos que su contrafactual, aun así dado el ajuste previo esto no es significativamente más bajo. Luego vemos un efecto contrario, desde 2016 la brecha se invierte con fuerza y promedia +2,1 puntos hasta 2023 siendo una brecha casi tres veces más grande que su ajuste, con un máximo de +3,5 puntos porcentuales en 2020.

Promediado sobre todo el período posterior a 2003 el efecto es de apenas +0,6 puntos porcentuales, y el quiebre es el más débil de los cuatro sectores. Ese promedio, por sí solo, no nos permite conclusiones firmes sobre la agricultura. Leído en el tiempo, en cambio, el gráfico dice algo más interesante: el sector cede terreno ligeramente mientras el gas sigue en auge, y tras su caída la agricultura sufre una subida significativa. Es el tipo de reversión que hace pensar en una reasignación temporal de factores antes que en un deterioro estructural.

Conclusiones: ¿hay enfermedad holandesa?

Volviendo al Cuadro 1, Bolivia cumple con la contracción de la manufactura, con dos puntos porcentuales de valor agregado al PIB por debajo de su contraparte sintética, sostenidos durante veinte años y sin recuperación posterior. Analizando los demás sectores, la industria (que contiene al gas) se expande cerca de dos puntos y medio, y los servicios se contraen con fuerza. La agricultura, que el cuadro no contempla, cede terreno en los años de mayor renta y solo recupera cuando esa renta baja. Ese conjunto de síntomas, sector en auge arriba, con las demás industrias cayendo de forma persistente, nos indica una desindustrialización directa (efecto de movimiento de recursos). Se refuerza el calce temporal: el máximo de la industria, el mínimo de la agricultura y la profundización de la brecha manufacturera ocurren en los mismos años, y los tres se relajan cuando las exportaciones de gas empiezan a caer.

Con la disciplina que exige la evidencia, esto nos demuestra que sí hay síntomas de Enfermedad Holandesa en Bolivia: los movimientos del valor agregado sectorial boliviano son consistentes con los síntomas que predice el marco de Oomes y Kalcheva (2007), y apuntan al movimiento de recursos como canal dominante. Pero consistente no es lo mismo que confirmado, y la producción por sí sola no es suficiente. La reasignación entre sectores nos dice que estos factores se movieron, pero no nos dice el mecanismo de transmisión y por qué los sectores que cayeron en comparación a su control sintético dejaron de ser competitivos. En un blog posterior y el último de la serie estudiaremos: el tipo de cambio real, el mecanismo por el cual, según Corden y Neary (1982), un boom se transforma en pérdida de competitividad, ayudándonos a evaluar de forma más precisa la presencia de Enfermedad Holandesa en el país.

Notas

  1. Los modelos se estimaron con una variante de penalización ridge del control sintético, que reparte los pesos entre más donantes y reduce la dependencia de un puñado de países (Doudchenko y Imbens, 2016), sobre un conjunto de 20 países en muestra.
  2. Este resultado exige una advertencia. Al medirse todos los sectores como porcentaje del PIB, parte de la caída de los servicios es la contracara aritmética de la diferencia positiva de la industria boliviana sobre su control sintético.

Referencias

  1. Abadie, A., Diamond, A. y Hainmueller, J. (2010). Synthetic control methods for comparative case studies: estimating the effect of California's tobacco control program. Journal of the American Statistical Association, 105(490), 493–505. ↗
  2. Benjamin, N. C., Devarajan, S. y Weiner, R. J. (1989). The 'dutch' disease in a developing country: oil reserves in Cameroon. Journal of Development Economics, 30(1), 71–92. ↗
  3. Corden, W. M. y Neary, J. P. (1982). Booming sector and de-industrialisation in a small open economy. The Economic Journal, 92(368), 825–848. ↗
  4. Doudchenko, N. y Imbens, G. W. (2016). Balancing, regression, difference-in-differences and synthetic control methods: a synthesis. NBER Working Paper 22791. ↗
  5. Oomes, N. y Kalcheva, K. (2007). Diagnosing dutch disease: does Russia have the symptoms? IMF Working Paper WP/07/102. ↗
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Retrato de Freddy Colodro
Freddy Colodro Centro de Estudios POPULI

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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