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Repensar la informalidad

El concepto dominante de informalidad es estatista y termina perjudicando a quienes dice proteger; salario mínimo y aportes forzosos son medios ineficientes para metas legítimas.

4 min de lectura
Repensar la informalidad

La discusión actual sobre la informalidad suele enfocarse desde la necesidad de su erradicación. En Bolivia, particularmente, el dato de la informalidad, que rondaría el 80-90%, es repetido hasta el cansancio como muestra de los profundos problemas que atraviesa la economía boliviana. En las siguientes líneas me propongo abordar esta idea desde una perspectiva liberal y crítica. 

Mi argumento puede resumirse en la siguiente línea: Debemos trascender el concepto estatista de informalidad y avanzar hacia concepciones auténticamente liberales en el plano laboral para mejorar las condiciones de los trabajadores. 

La idea de informalidad

Cuando hablamos de informalidad, nos referimos a la situación en la cual un trabajador no cumple con determinados elementos en su relación laboral con su empleador. Así, por ejemplo, si un trabajador no cuenta con un contrato escrito, no cotiza en la seguridad social o no percibe, cuanto menos, un salario mínimo, decimos que nos encontramos ante un caso de informalidad. 

De este modo, detrás del concepto de informalidad aparece un objetivo noble en apariencia: Asegurar al trabajador un estándar mínimo de condiciones que le permitan vivir una vida digna, con un salario por encima del nivel de subsistencia, con estabilidad laboral, aportes previsionales que le permitan disfrutar de una vejez más estable, entre otras. Sin embargo, he de reconocer que, incluso desde perspectivas liberales, este enfoque predominante sobre la informalidad ha tenido efectos nocivos para aquellos trabajadores que, en teoría, se buscaría proteger. 

Informalidad y estatismo

Lo primero que quiero señalar es que la concepción de informalidad arriba descrita no es sino una concepción estatalista. La mayoría de sus elementos terminan gravitando, consciente o inconscientemente, en la figura del Estado como agente principal. Quien habla de reducir la informalidad, entonces, lo hace exigiendo que el empleador cumpla con el mandato estatal de salarios mínimos y de aportes obligatorios a la seguridad social. 

En el acto, al abogar por una menor informalidad, se termina reconociendo implícitamente la necesidad de prácticas como el salario mínimo y la sustracción coactiva de parte del salario del trabajador para destinarlo a fondos de pensiones públicas. Esto, evidentemente, no puede ser compatible con el liberalismo que resalta la voluntariedad y el libre acuerdo en todas las relaciones sociales, incluidas las laborales. 

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Repensar la informalidad desde el liberalismo

¿Lo anterior implica que el liberal deberá abandonar toda pretensión de aumentos del salario, de cotizaciones para el futuro, o de contratos escritos que aseguren la estabilidad laboral? En lo absoluto. En todo caso, lo que se cuestiona son los métodos empleados para conseguir dichos objetivos. 

El enfoque liberal de la informalidad no niega que el mejorar los salarios, el contar con fondos para el retiro o contar con un contrato escrito, sean objetivos nobles y, sobretodo, deseables. En su lugar, plantea que los medios empleados por el Estado, como los salarios mínimos o las cotizaciones forzosas, son formas ineficientes de pelear por tales metas. 

Un salario mínimo elevado, por encima de la productividad media del trabajador, habrá de causar desempleo, de modo que, en lugar de percibir un determinado salario, por modesto o insuficiente que nos parezca, tiene como consecuencia que el salario real que efectivamente percibirá un trabajador improductivo sea igual a cero. 

Al no poder encontrar un empleo en el sector formal, producto de un salario mínimo restrictivo, aquel que buscaba un empleo tampoco podrá disfrutar de los otros beneficios que la ley, con todas sus buenas intenciones, ha fijado para las relaciones laborales. Así, uno termina sin la soga y sin la cabra. 

Por cuanto se ha dicho, considero indispensable que abandonemos el enfoque profundamente estatista que se ha instaurado en torno a las discusiones sobre informalidad. Resulta imperativo avanzar hacia esquemas mentales que reconozcan que el libre mercado, la negociación voluntaria y la competencia son mecanismos más efectivos para perseguir esos objetivos comunes que la mayoría comparte: mejores salarios, previsión para el futuro, menor incertidumbre contractual. 

Conclusión

La informalidad es vista como un problema agobiante en numerosas economías en vías de desarrollo, siendo Bolivia una de ellas. Sin embargo, el enfoque predominante coloca el acento en cuestiones relacionadas a mandatos estatales que, como el salario mínimo, terminan perjudicando a los intereses de los propios trabajadores que se pretende proteger. 

Un enfoque alternativo, liberal, apunta a conseguir esos mismos objetivos sin necesidad de hablar el lenguaje intervencionista. Busca, con el mismo anhelo, mejores salarios, seguridad en la vejez y certidumbre contractual apelando a los mercados competitivos, reglas simples pero claras y acuerdos voluntarios.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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