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SECTOR FISCAL

¿Qué significa que el banco central «absorba» presión fiscal?

Cuando se cierran las demás vías de financiamiento, el desequilibrio fiscal no desaparece: se traslada al balance del Banco Central, comprando alivio presente a costa de fragilidad futura.

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¿Qué significa que el banco central «absorba» presión fiscal?

Cuando se dice que un Banco Central “absorbe” presión fiscal, no se está usando una metáfora vacía ni una consigna política. Se está describiendo un mecanismo muy concreto: una parte del desequilibrio que debería resolverse por otras vías termina siendo contenida, financiada o administrada por el balance del propio Banco Central.

Conviene partir de una idea simple. Si el sector público gasta persistentemente más de lo que recauda, necesita cubrir esa diferencia de algún modo. Puede hacerlo con más deuda, con financiamiento externo, con venta de activos, con ajuste del gasto, con mayores impuestos o, en ciertos contextos, con apoyo del Banco Central. Mientras más se cierran o se encarecen las demás alternativas, mayor es la probabilidad de que la presión termine desplazándose hacia la autoridad monetaria. Eso es, en esencia, la absorción.

Dicho de otro modo: la presión fiscal existe antes de llegar al Banco Central. El Banco Central no crea el problema original. Lo que ocurre es que, cuando el desequilibrio fiscal coincide con menores fuentes de financiamiento externo, caída de reservas o mayor rigidez cambiaria, la institución monetaria puede convertirse en el amortiguador final del sistema. En vez de que el ajuste ocurra por el tipo de cambio, por una corrección fiscal o por acceso fluido a financiamiento de mercado, una parte creciente del peso recae sobre su hoja de balance.

Este punto es importante porque muchas veces se piensa el vínculo entre déficit y Banco Central de forma demasiado estrecha. Se imagina únicamente el caso clásico de “emitir billetes para cubrir gasto público”. Pero la absorción puede ser más amplia que eso. Puede manifestarse como crédito directo al sector público, como uso intensivo de reservas, como deterioro patrimonial del Banco Central, como mayores costos de esterilización o como una combinación de varios de esos canales. En todos esos casos, la presión no desaparece: simplemente cambia de lugar.

Una forma útil de entenderlo es pensar en una cadena. Primero aparece un déficit fiscal persistente. Luego se debilita el entorno externo: menos divisas, financiamiento más caro o menor ingreso por exportaciones. Si, además, el tipo de cambio se mantiene fijo o muy administrado, el ajuste no ocurre por el precio de la moneda. Entonces el sistema necesita otro punto de apoyo. Y ese punto de apoyo puede pasar a ser el Banco Central. En ese momento, la autoridad monetaria deja de ser solamente la institución que busca preservar estabilidad y empieza a operar también como mecanismo de contención del desequilibrio macroeconómico.

Por eso el concepto de absorción ayuda a ver algo que la inflación, por sí sola, no siempre muestra. Una economía puede mantener durante un tiempo una inflación relativamente contenida y, aun así, estar acumulando tensiones monetarias serias. Si el tipo de cambio está fijo, si hay subsidios que amortiguan precios o si se usan reservas para postergar ajustes, el problema puede no aparecer de inmediato en el índice de precios. Pero sí puede aparecer antes en otro lugar: en la exposición creciente del Banco Central al financiamiento del sector público.

Esto también explica por qué la absorción no debe confundirse automáticamente con señoreaje. Una cosa es obtener recursos mediante expansión monetaria que actúa como impuesto inflacionario. Otra, distinta, es sostener el desequilibrio a costa del balance del Banco Central. En el segundo caso, la inflación puede no despegar de inmediato, pero el costo igual existe: se expresa como pérdida de fortaleza financiera, menor margen de maniobra y mayor vulnerabilidad futura. El alivio presente puede comprarse a costa de fragilidad posterior.

Desde el punto de vista institucional, la noción de absorción también permite entender mejor la diferencia entre independencia legal y autonomía real. Un Banco Central puede conservar normas formales que restringen el financiamiento al sector público y, sin embargo, terminar absorbiendo una fracción creciente de la presión fiscal en la práctica. Eso puede ocurrir mediante excepciones legales, mecanismos operativos, coordinación subordinada con el Ejecutivo o debilitamiento del entorno institucional que debería hacer cumplir los límites existentes. Por eso, cuando se analiza la salud monetaria de un país, no alcanza con leer la ley: también hay que mirar quién está cargando efectivamente con el ajuste.

En el caso boliviano, esta idea se vuelve especialmente relevante a partir del deterioro posterior al auge hidrocarburífero. Mientras el entorno externo fue favorable, las restricciones podían parecer suficientes porque la necesidad de recurrir al Banco Central era menor. Cuando ese entorno cambió, el problema dejó de ser solamente normativo y pasó a ser material: menos holgura fiscal, menos espacio externo y más presión sobre el balance del BCB. Ahí es donde el concepto de absorción se vuelve analíticamente útil, porque permite medir no solo si había desequilibrio, sino quién lo estaba conteniendo.

La lección de política pública es clara. Si un Banco Central absorbe crecientemente la presión fiscal, eso no equivale a una solución estable. Es, en el mejor de los casos, una forma de ganar tiempo. Pero ese tiempo tiene costo. Cuanto más se lo use como amortiguador, más se reducen su credibilidad, su fortaleza financiera y su capacidad de actuar con autonomía cuando la estabilidad monetaria realmente lo exija. En vez de corregir la fuente del problema, se traslada la carga hacia la institución que debería ayudar a disciplinarlo.

Por eso conviene leer la frase con precisión. Que el Banco Central absorba presión fiscal no significa simplemente que “ayuda” al gobierno. Significa, más estrictamente, que una parte del desequilibrio macroeconómico que no fue resuelto por la vía fiscal, externa o cambiaria terminó siendo internalizado por la autoridad monetaria. Y cuando eso ocurre de manera persistente, lo que está en juego no es solo una fuente de financiamiento: es la calidad misma de la autonomía monetaria.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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