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SECTOR FISCAL

¿Qué nos depara el 2026?

Bolivia queda sin proyecciones del FMI por la incertidumbre, crecería muy por debajo de la región y afronta el 2026 con reservas exiguas y una moneda cada vez más frágil.

6 min de lectura
¿Qué nos depara el 2026?

El 2025 quedará enmarcado como uno de los años más turbulentos en la historia económica boliviana. Sólo por mencionar algunos resultados de la anterior gestión, tuvimos una inflación anualizada que bordeó el 20%, una economía que se contrajo en 2,4% el primer semestre y que vio cómo la pobreza se agudizaba, todo esto al tiempo que el dólar escaseaba y filas interminables se formaban en las estaciones de servicio.

La gestión 2025 ha terminado, y sólo nos queda mirar hacia adelante, pero ¿con qué perspectivas?

Perspectivas de crecimiento

Ya en octubre el FMI presentaba una imagen tanto optimista como preocupante: Según sus estimaciones, el PIB real –es decir, corregido por inflación–, sería del 0,5%, algo que ya podemos aventurarnos a decir que será una meta difícil de conseguir, ante la caída de la actividad económica durante la primera mitad de 2025. Eso no es todo. Adicionalmente, la institución preveía que cerremos el año con una inflación del 20%, una cuenta corriente deficitaria y con una tasa de desempleo 0,1% superior con respecto al 2024.

No obstante, lo que despierta todas las alarmas es que dicho documento menciona que las proyecciones para el periodo 2026-2030 han sido omitidas “debido a la significativa incertidumbre sobre las perspectivas económicas”. Así, Bolivia es el único de los diez países analizados por el FMI que queda sin proyecciones de crecimiento e inflación.

Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que Bolivia cerró el 2025 con un crecimiento del 0,5%, lo que, de nuevo, resulta una mirada optimista considerando los numerosos desequilibrios macroeconómicos que sufrió el país. Ahora bien, este optimismo se traslada para el año 2026, donde la cifra de crecimiento del PIB real para dicha gestión vuelve a fijarse en 0,5%.

Aquí lo preocupante no resultaría la baja tasa de crecimiento, muy cercana al estancamiento, sino el nivel comparado con el resto del vecindario: La CEPAL proyecta que América del Sur crezca al 2,4% para este 2026, casi dos puntos porcentuales por encima de Bolivia. El bajo crecimiento de la economía se traduce en una menor renta per cápita, menos calidad de vida, y un rezago cada vez más profundo ante nuestros vecinos.

Dicho informe también resalta las “distorsiones en los mercados de bienes básicos que derivaron en un importante cambio en la dinámica inflacionaria del país”, un elemento a considerar para la gestión en curso.

Por último, las proyecciones del Banco Mundial, realizadas a mediados de 2025, se muestran desactualizadas incluso cuando las comparamos con las optimistas estimaciones del FMI o la CEPAL. Así, por ejemplo, el Banco Mundial estimaba en junio que la economía boliviana crecería al 1,2% en 2025 y que mantendría un crecimiento del 1,1% durante periodo 2026-2027.

En resumen, no cabe esperar grandes tasas de crecimiento para el 2026. Lejos quedaron los años de las “tasas de crecimiento chinas”.

El Banco Central de Bolivia y un boliviano frágil

De cara al 2026 cabe ponderar otros indicadores clave, comenzando por aquella información que vuelve a ser publicada por parte del Banco Central de Bolivia (BCB). Si concebimos nuestra moneda –el boliviano– como un pasivo estatal que depende de la calidad del activo del BCB, comprenderemos la importancia que tiene su composición, especialmente en lo que se refiere a activos líquidos.

En palabras simples, si el BCB cuenta con activos de calidad y líquidos, como la divisa estadounidense, entonces el pasivo que emite, el boliviano, mantendrá su valor.

En este sentido, el balance del BCB presenta dos datos que, nuevamente, encienden las alarmas. El primero se refiere a la cantidad de divisas en su activo: Si en 2012 llegamos a tener más de 3,1 mil millones de dólares en reservas, el dato a noviembre de 2025 es de apenas 50 millones de dólares.

A esto se le suma el estado de las reservas en oro. El límite legal de 22 toneladas no ha sido un freno para la anterior administración, que empeñó 6 toneladas de las 23 que todavía permanecían en poder del BCB. Si recordamos que el 15 de abril del año pasado el BCB había realizado operaciones por 3 toneladas a cambio de 388 millones de dólares, destinados a la importación de hidrocarburos y pago del servicio de la deuda externa.

Está fuera de toda duda que las próximas acciones del nuevo presidente del BCB, y su directorio, tendrán un impacto significativo en la política monetaria, cuyos efectos se podrán sentir ya en 2026 a partir de la formación de expectativas de los agentes económicos.

Si el activo continúa degradándose, las divisas disminuyendo y el oro empeñándose, sumado a prácticas contables cuestionables, entonces la confianza en el boliviano seguirá diluyéndose.

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El Presupuesto General del Estado 2026

El 2026 también nos deja expectantes sobre el Presupuesto General del Estado (PGE). La incapacidad de la Asamblea para aprobar, de manera consensuada, un presupuesto que garantice el funcionamiento de la administración pública sin exacerbar el déficit fiscal crónico con más de una década de continuidad supuso la prevalencia del PGE heredado de la era de Luis Arce Catacora y el MAS.

Lo cierto es que el gobierno de Paz Pereira, de la mano de José Gabriel Espinoza, todavía tiene la oportunidad de reformular hasta febrero dicho documento, abriendo las puertas a recortes agresivos al gasto público, consolidando las cuentas fiscales y evitando así que el financiamiento del déficit continúe a expensas de mayor deuda externa, emisión monetaria inorgánica y mayores tasas de inflación.


El futuro del DS N° 5503

El Decreto Supremo 5503 supuso el reconocimiento de la emergencia económica en la que se encuentra el país. Reconocer que la economía se encuentra en una situación crítica era una condición necesaria para salir del abismo en el que estamos.

Ahora bien, reconocer y resolver la crisis son dos cosas distintas. Aunque el 5503 ha dado pasos en la dirección correcta, las reformas fiscales, monetarias y laborales continúan siendo una asignatura pendiente.

Reformas pendientes

Un ajuste del gasto público, reglas y observatorios fiscales, asegurar la independencia del BCB, modificaciones a la Ley del Trabajo, entre otras medidas, constituyen el núcleo duro de las reformas que habilitarían una reestructuración profunda y necesaria de la economía boliviana, el saneamiento que requiere para que nuestro aparato productivo vuelva a estar parado sobre sus dos pies, apoyado en fundamentos reales, no así en pilares de arena.

A final de cuentas, el sinceramiento de la economía, aunque un proceso duro y traumático para sectores vulnerables –mismos que deben ser tomados en cuenta en cada uno de los pasos que tome el nuevo gobierno–, es ese trago amargo pero indispensable para que Bolivia logre estabilizarse, primero, y aspirar nuevamente al crecimiento y desarrollo, luego.

Conclusión

Así, pues, se avizora un año complejo, incierto y que demandará determinación de las autoridades para hacer aquello que es propicio, incluso cuando las tensiones políticas puedan suponer un obstáculo formidable.

El 2026 se perfila como un año repleto de desafíos en materia económica. Demandará el mayor de los compromisos de las autoridades en política económica para que todo lo sufrido en 2025 no sea en vano y, lo más importante, no sea la antesala a otro episodio de una crisis que recién comienza.


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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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