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SECTOR HIDROCARBUROS

¿Qué hay detrás de las filas en los surtidores?

Las colas de 2024 son el choque previsible entre una producción que se desplomó desde 2016 y una demanda que, alentada por el subsidio, no dejó de crecer.

7 min de lectura
¿Qué hay detrás de las filas en los surtidores?

El año 2024 quedará marcado por muchas turbulencias económicas, ya sea por las fluctuaciones casi diarias del tipo de cambio, la incertidumbre sobre los niveles de las reservas internacionales del Banco Central o por la elevada inflación de prácticamente dos cifras que su pudo registrar a fines de gestión. Sin embargo, un hecho que captó la atención de la ciudadanía, generando malestar y descontento por obvias razones, fue la formación de colas en las diferentes estaciones de servicio.

Durante meses, aquellos que se daban cita en una gasolinera, eran recibidos cuadras antes por una fila interminable de varias decenas de vehículos particulares y camiones que esperaban pacientemente su turno para cargar combustible. En ocasiones, la espera era vana, pues el carburante se terminaba antes de que la última persona hubiera logrado adquirir dicho bien para su consumo.

¿A qué se debió este inusual desabastecimiento de los hidrocarburos en Bolivia durante el año 2024? El fenómeno, como todo problema económico, puede analizarse desde dos perspectivas: la oferta y la demanda. Comencemos con la primera.

La oferta de hidrocarburos

Si nos vamos a los datos oficiales, proporcionados por el Instituto Nacional de Estadísticas, encontramos que el año 2006, cuando comienza la subvención de los hidrocarburos, la producción de gasolina se encontraba en los 3.8 millones de barriles. Inicialmente la producción continuó creciendo de manera sostenida hasta el año 2016, año en que se alcanzó el máximo de producción, cercano a los 8,8 millones de barriles de gasolina. A partir del año 2017 se registra una caída de la producción de gasolina, con excepción del año 2020, donde la producción experimenta un leve repunte, para volver a caer el año 2021 y mantener esta tendencia hasta 2023, año en que se registró una producción de apenas 6,4 millones de barriles de gasolina. En resumen, desde el año 2016 hasta el año 2023 se ha registrado una caída de la producción del 27,3%, más de un cuarto.

Otro tanto sucede con el diésel. Acorde a las estadísticas oficiales, el año 2006 terminó con una producción de 4,6 millones de barriles de diésel. Ahora bien, al contrario de lo que sucedía con la gasolina, la producción de diésel experimentó un auge de apenas 2 años, de 2006 a 2008, año a partir del cual comienza a estancarse la producción, permaneciendo más o menos constante hasta el año 2012. En adelante, con un breve pico en 2015, año en que se registra el máximo de la serie, la producción volvería a estancarse hasta el año 2018, momento tras el cual la producción se desplomaría, llegando a producirse apenas 2,1 millones de barriles de diésel en 2023. La caída de la producción de diésel durante el periodo 2015 al 2023 fue de 4,1 millones de barriles, equivalente al 65,9%, es decir, dos tercios del total.

La demanda de hidrocarburos

¿Qué sucede del otro lado de la vereda? Si analizamos la evolución de la demanda de hidrocarburos, podremos constatar que ésta ha experimentado una tendencia contraria a la de la oferta; es decir, mientras que oferta se contraía, la demanda continuó expandiéndose.

La demanda de gasolina para el año 2006 ascendió a 3,7 millones de barriles, aumentando de forma sostenida hasta el año 2020, donde, producto de la pandemia del Covid-19, se puede observar una caída del consumo por la parálisis de actividades económica y circulación. No obstante, tras el año 2021 la demanda se regulariza y alcanza, para el año 2023, un nuevo pico máximo, llegando a los 14,4 millones de barriles de gasolina. La demanda durante el año 2006 y 2023 aumentó en más de 10,7 millones de barriles, equivalente a un incremento del 286,1%.

Pasando al diésel, la demanda inicial, para el año 2006, era de 7,2 millones de barriles, misma que continuó creciendo hasta el año 2020, lo que, nuevamente, coincide con la paralización de parte de la actividad económica con motivo de la crisis sanitaria experimentada ese año. Tras una recuperación de la demanda el año siguiente, el 2023 se registró un máximo en la serie, ascendiendo a más de 14,9 millones de barriles de diésel. Durante el periodo 2006-2023 se registró un aumento de la demanda de más de 7,7 millones de barriles de diésel, equivalente a un incremento del 105,9%.

El anterior gráfico nos permite comprender mejor el desabastecimiento y la formación de filas. El déficit energético, importar más de lo que exporta, no es un problema per se; son varios los países, desarrollados y no desarrollados, que no cumplen con la meta de la autosuficiencia energética. Los problemas comienzan cuando el país no cuenta con los medios para cubrir el gap entre oferta y demanda.

En el caso boliviano, la falta de divisas y otros desequilibrios fiscales han derivado en que las importaciones de hidrocarburos se desploman, situación que se viene presentando desde 2022. No solo eso, además debemos contemplar que las exportaciones, otrora una fuente importante de divisas para el gobierno, comenzaron a caer en el mismo periodo, lo que pone en juego la sostenibilidad de una importación de hidrocarburos que garantice el normal abastecimiento para la demanda nacional. En resumen, Bolivia viene experimentando desequilibrios entre la oferta y la demanda de sus hidrocarburos, algo que puede verse reflejado en la cantidad de recursos destinados a la importación de combustibles, que progresivamente ha superado a lo gastado en exportar esos mismos hidrocarburos. Por ejemplo, durante los años 2006-2008 Bolivia registró una balanza positiva, exportando más de lo que había importado. Tras un leve déficit el año 2009, la tendencia a que las exportaciones superen a las importaciones se mantuvo desde el año 2010 hasta el 2014, años en que se registran los picos máximos, coincidentes con el boom de los commodities. Sin embargo, a partir del año 2015 hasta el 2024 se ha registrado un déficit en aumento e ininterrumpido, superando los 3,8 mil millones de dólares. Como cada vez es más difícil satisfacer la demanda interna por la baja producción, se depende en mayor medida de la importación y se reducen las exportaciones.

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Explicación del desequilibrio

Tras haber analizado detenidamente tanto la oferta como la demanda de hidrocarburos en Bolivia durante las últimas décadas, parece evidente que el desequilibrio en estas partidas es la causante del desabastecimiento. En palabras simples: Las colas ocurren porque la demanda ha aumentado más que la oferta. Sin embargo, esta todavía no deja de ser una explicación superficial. ¿Qué hay detrás de la caída de la producción (oferta) y del aumento del consumo (demanda) de hidrocarburos?

Para comenzar con la oferta, diremos que la explicación que recurre a los bloqueos de caminos no es del todo una razón satisfactoria. Después de todo, se ha podido evidenciar que la caída de la producción lleva más de lustro y medio, mientras que las protestas y bloqueos de caminos pueden rastrearse, como mucho, a comienzos de 2024. Luego, imputar la escasez de hidrocarburos a factores políticos no es realmente explicar el problema.

Una causa más plausible sobre la caída de la producción la encontramos en la inversión destinada a la exploración de nuevos pozos petroleros. Acorde a datos de la Fundación Milenio (2023), la inversión destinada al descubrimiento de nuevos pozos pasó de 1.500 millones de dólares en 2014 a apenas 250 millones en 2022, lo que supone una caída del 83% en menos de una década. El propio reportaje señala cómo, durante el periodo analizado, hasta tres empresas extranjeras abandonaron el país. Se trata de la española Repsol, la británica Shell y la argentina Pluspetrol, esto debido a la baja rentabilidad de sus operaciones en el territorio nacional. Esta situación de sobreexplotación de los pozos petroleros dejó desatendida la inversión de la búsqueda de nuevas fuentes de energía que reemplacen los pozos ya descubiertos, lo que condicionó la oferta, propiciando su eventual y sostenida reducción durante los últimos años.

¿Qué sucede con la demanda? Lo cierto es que, mientras la oferta se veía constreñida por una menor inversión en exploración de nuevos pozos, el congelamiento de los precios, producto del subsidio a los hidrocarburos, generó incentivos para que la demanda se dispare, algo que hemos podido constatar más arriba. Esto genera un ciclo: Los precios artificialmente bajos estimulan la demanda, la cual, al crecer, demandará un subsidio mayor que haga frente a esa nueva demanda.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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