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SECTOR HIDROCARBUROS

Otra vez las filas en los surtidores

El desabastecimiento recurrente combina causas económicas y políticas —caída de importaciones, escasez de dólares, bloqueos— que las soluciones parche no resuelven sin tocar el subsidio.

4 min de lectura
Otra vez las filas en los surtidores

Las filas han vuelto a los surtidores, una vez más, en lo que comienza a ser una imagen recurrente. El desabastecimiento de los hidrocarburos empieza a convertirse en un problema recurrente y, a pesar de ello, el gobierno nacional no parece tomar decisiones estructurales para remediar esta problemática.

La importación de combustible en caída

¿A qué se debe este retorno a las largas esperas en las estaciones de servicio? Las causas estructurales ya han sido expuestas en una anterior nota, donde mencionamos que existe un desequilibrio entre la demanda y la oferta de hidrocarburos.

Según se puede observar, en marzo de 2025 se importaron a penas 90 millones de dólares, lejos de los 237 millones que, en promedio, venían ingresando al país desde 2023. En otras palabras, la producción de hidrocarburos ha caído, pero también lo ha hecho la importación de estos productos, lo que reduce significativamente la oferta de hidrocarburos en el mercado nacional.

Entre bloqueos y paros

En los últimos años hemos sido testigos de cómo el subsidio a los hidrocarburos ha aumentado considerablemente, al punto que se estima que, para la presente gestión, llegaría a los tres mil millones de dólares. Esto es especialmente preocupante si consideramos que Bolivia atraviesa un problema cambiario que no hace sino agudizarse cada día. Los dólares, moneda empleada para la importación de hidrocarburos, son cada vez más difíciles de conseguir, incluso para el propio gobierno.

A esto se le suma un nuevo problema: garantizar las rutas de abastecimiento. Desde tensiones políticas, relacionadas con las elecciones, hasta las demandas de renegociación de tarifas de flete con las empresas de transporte, el panorama de abastecimiento de gasolina y diésel en Bolivia se muestra complicado. Con carreteras bloqueadas y los camiones cisterna parados, cabe esperar que el desabastecimiento continúe.

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Más allá de las soluciones parche

Ante problemas estructurales, soluciones estructurales. Lo que Bolivia está enfrentando es un desequilibrio entre la oferta y la demanda de hidrocarburos.

Por un lado, la oferta se ve restringida por varios factores. Desde el bloqueo de carreteras, pasando por las protestas de las empresas dueñas de camiones cisterna, hasta la caída de las importaciones. Se trata, pues, de problemas tanto políticos (bloqueos y paros) como económicos (divisas insuficientes).

Por consiguiente, la solución deberá girar entorno a la creación de consensos y nuevos acuerdos con el sector transporte, actualizando sus tarifas, en concordancia con las nuevas condiciones de la economía y, por otro lado, asegurar que las carreteras se encuentren expeditas, de modo que la gasolina y el diésel importado puedan llegar a su destino.

No debe perderse de vista el subsidio a los hidrocarburos, uno de los principales componentes del déficit fiscal y responsable directo del drenaje de los dólares del gobierno. Además, lejos de ser una carga fiscal que cada año demanda una mayor cantidad de dólares, la subvención genera incentivos perversos, como el contrabando de combustible: Compro gasolina barata en Bolivia y la revendo cara en el extranjero. Un caso típico de arbitraje. En resumen, Tanto si se considera que éste debería ser eliminado por completo o reducido de forma gradual, la subvención al diésel y la gasolina se han vuelto una política insostenible.

Por último, no puede olvidarse la falta de recursos destinados a la exploración, limitados desde la nacionalización del rubro, privando al sector de la inversión extranjera. Aunque se está lejos de recuperar los niveles de producción conseguidos hace una década, si se busca aplicar una solución estructural deberá reactivarse la inversión en exploración y explotación de nuevos pozos, algo que difícilmente se conseguirá con un marco legal que se muestra hostil para con la inversión extranjera.

Por el lado de la demanda, volvemos al tema del subsidio. Un precio artificialmente bajo lleva a estimular el consumo, lo que, sumado a las restricciones en la oferta, agudiza los desequilibrios. Medidas como aumentar los impuestos a vehículos que funcionan con combustibles fósiles, al tiempo que se recortan para vehículos operados con energías renovables, distan de ser una auténtica solución; en cambio, lo único que conseguirán es aumentar el costo asumido por los consumidores de vehículos tradicionales en el corto y mediano plazo. Las transiciones energéticas son, a fin de cuentas, procesos prolongados en el tiempo.

Como se puede observar, el parque automotor ha crecido de forma significativa desde que el subsidio a los hidrocarburos entró en vigencia, por allá del año 2006.

Conclusión

Aunque hace algunos meses tratamos el tema de las filas en los surtidores, su reaparición nos impulsa nuevamente a escribir al respecto. Los síntomas continúan siendo los mismos, al igual que la actitud del gobierno frente al problema.

Bolivia está por llegar a la mitad del 2025 con una gasolina artificialmente baja y prácticamente desaparecida. Esto pone en juego el desempeño de la economía, especialmente en el oriente boliviano, donde el diésel es fundamental para la siembra y cosecha de granos y el alimento del ganado.  

 Hasta que el gobierno no tome medidas direccionadas a dar solución a los problemas estructurales, en lugar de colocar parches temporales, no podrá esperarse un escenario distinto al de la aparición cíclica de colas en las estaciones de servicio. Atraer inversión extranjera, reducir o eliminar el subsidio a los hidrocarburos y preservar el traslado de los combustibles hasta los surtidores son algunas de estas soluciones.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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