Ayer se conoció la victoria de Zohran Mamdani como nuevo alcalde de Nueva York. Su triunfo marca un hito, y no precisamente por su origen —Uganda— o su religión —musulmán—, sino por su ideología económica: el socialismo democrático.
Ser socialista, hoy, está de moda. Ya lo habíamos notado cuando, según un estudio publicado en Nature en 2014, Karl Marx, Paulo Freire y Michel Foucault aparecían entre los autores más citados del mundo. Lo que entonces parecía un fenómeno académico ha trascendido las aulas y se ha instalado en el terreno electoral.
El socialismo en auge
Aunque el capitalismo sigue siendo el sistema preferido de los estadounidenses, el socialismo no está tan lejos de alcanzarlo. Una encuesta del Pew Research Center (2022) muestra cómo el apoyo al libre mercado, si bien aún mayoritario, es frágil frente al avance de las economías centralmente planificadas.
La victoria de Mamdani, ajustada pero significativa, refleja esa tendencia. El socialismo democrático puede no ser aún mayoritario en Estados Unidos, pero su avance es evidente. Una encuesta de 2025 del Cato Institute junto con YouGov reveló que el 62% de los estadounidenses de entre 18 y 29 años tiene una visión favorable del socialismo, y un 34% mantiene una opinión positiva incluso del comunismo.
Si sumamos las percepciones “algo positivas” y “muy positivas” del socialismo en esa encuesta, obtenemos un 36%, por debajo del 62% registrado en 2025. Aun con metodologías distintas, ambos estudios coinciden en un punto clave: el crecimiento sostenido del atractivo socialista entre los jóvenes estadounidenses.
Ahora bien, ¿por qué debería preocuparnos este giro? Porque las ideas del “socialismo democrático”, simplemente, no funcionan.
Las propuestas de Mamdani
- Control de alquileres: En su intento por “volver Nueva York accesible”, Mamdani propone congelar los alquileres. La intención es loable, pero la historia económica cuenta otra historia. El economista Thomas Sowell lo resume así: «Aunque muchos consideran necesaria la intervención del gobierno para producir vivienda accesible, la historia —al igual que la economía— dicen otra cosa”. Los datos que cita son claros: antes de la intervención estatal, los estadounidenses destinaban menos de sus ingresos a vivienda —23% en 1901 frente a 33% en 2002–2003—. En Nueva York, esa proporción pasó del 24% al 38%, a pesar de que el ingreso real se cuadruplicó. El control de alquileres genera tres efectos conocidos: Escasez, al aumentar la demanda y reducir la oferta. Deterioro en la calidad, ya que los propietarios carecen de incentivos para mantener las viviendas. Mercados negros, donde se paga por debajo de la mesa para acceder a un bien escaso (Sowell, 2009).
- Mercados públicos: Otra de las propuestas de Mamdani es crear tiendas de alimentos propiedad de la ciudad. A primera vista, ofrecer productos baratos parece socialmente deseable; en la práctica, produce el efecto contrario. Estos establecimientos competirían de manera desleal con los comercios privados, que deben cubrir sus pérdidas y operar bajo riesgo. El resultado sería un desplazamiento del sector privado, mayor concentración en manos del Estado y, en última instancia, pérdida de empleo.
- Impuestos corporativos: Mamdani también propone aumentar los impuestos corporativos. Sin embargo, los economistas Armen Alchian y William Allen (2018: 427) muestran que los impuestos sobre las corporaciones elevan sus costos, reducen la rentabilidad esperada y desincentivan la inversión, lo que termina reflejándose en precios más altos para los consumidores. De manera similar, Tyler Cowen y Alex Tabarrok (2015: 748) explican que: “Las corporaciones no pagan impuestos; las personas sí. El impuesto sobre la renta corporativa lo pagan los accionistas y bonistas, que obtienen menores rendimientos, y en el largo plazo también los trabajadores, mediante salarios más bajos, y los consumidores, mediante precios más altos.”
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Conclusión
Zohran Mamdani gobernará una de las ciudades más influyentes del mundo. Su carisma, su origen o su religión no son el punto central. Lo importante son las ideas que guiarán sus políticas.
Y esas ideas —controlar precios, expandir el Estado empresario y gravar la producción— no son nuevas ni exitosas. Han fracasado repetidamente a lo largo de la historia.
El socialismo democrático podrá ganar simpatías y elecciones, pero no puede escapar a una verdad simple: la popularidad nunca reemplaza a los principios económicos básicos.
Referencias
Alchian, A. A., & Allen, W. R. (2018). Universal Economics. Liberty Fund.
Chapman, M. (2025, mayo 15). Young Americans like socialism too much—That’s a problem libertarians must fix. Cato at Liberty. https://www.cato.org/blog/young-americans-socialism-too-much-thats-problem-libertarians-must-fixCato Institute
Cowen, T., & Tabarrok, A. (2015). Modern Principles of Economics (3rd ed.). Worth Publishers.
Pew Research Center. (2022, septiembre 19). Modest declines in positive views of ‘socialism’ and ‘capitalism’ in U.S. https://www.pewresearch.org/politics/2022/09/19/modest-declines-in-positive-views-of-socialism-and-capitalism-in-u-s/
Sowell, T. (2009). Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (4th ed.). Basic Books.