Ante la creciente inflación que azota Bolivia, numerosas son las razones se han dado para explicar los precios en aumento. Una de las que ha ganado más fuerza en los últimos meses es la de culpar a los intermediarios.
Según esta idea, son los intermediarios, aquellos que se encuentran entre el productor y el consumidor, los responsables de que los precios suban sin razón aparente. En pocas palabras, se aprovechan de la gente necesitada, comprando barato y vendiendo caro, motivados por poco más que su notable avaricia.
Sin embargo, esta explicación no podría ser más errónea, tanto desde el punto de vista teórico como fáctico. ¿Realmente suben los precios por los intermediarios? Intentaremos dar respuesta a esta pregunta a continuación
La naturaleza de la firma
En 1937 se publicaría uno de los artículos más importantes de la disciplina económica. Nos referimos a “La naturaleza de la firma” de Ronald Coase, mismo que le valió para ganar el premio Nobel por allá de 1991.
Coase se propuso explicar por qué existían empresas cuando, según la teoría económica, la mejor forma de gestionar recursos es a través del sistema de precios. Debemos tener presente que cuando un trabajador pasa del departamento A al departamento B, no lo hace siguiendo el sistema de precios, sino que lo hace siguiendo una orden de su superior.
La respuesta de Coase es que las empresas ayudan a reducir los costos de transacción. Gracias a la existencia de las “firmas”, reducimos costos de transacción, como los que provienen de la negociación o búsqueda de proveedores. Luego, las empresas cumplen una función que vuelve más eficiente la toma de decisiones y facilita la interacción de los agentes económicos.
El rol de los intermediarios
A todo esto, ¿cuál es el rol de los intermediarios? Uno bastante simple: Reducir costos de transacción entre compradores y vendedores. Piénsese que, de no ser por los intermediarios, el productor de alimentos tendría que dedicar horas extras a trasladarse a la ciudad, alquilar un local, publicitar su producto, todo esto para finalmente probar suerte encontrando compradores.
Del mismo modo, podemos imaginarnos lo costoso que sería para el consumidor el tener que asistir a diferentes lugares en búsqueda de los proveedores sin la certeza de que encontrará lo que desea adquirir.
En resumen, los intermediarios cumplen la función de reducir el costo total de los bienes, facilitando así que se de un mayor número de intercambios. Como mencionan Alchian y Allen:
¿Cuánto comprarías si tuvieras que comprar tus alimentos directamente al agricultor, tus zapatos al fabricante o al mayorista, tu gasolina a la refinería y tu leche al ganadero? ¿Y cómo te sentirías si te negaran la oportunidad de vender tu coche usado a través de un concesionario y tuvieras que encontrar un comprador dispuesto por tu cuenta? Los intermediarios exitosos se ganan la vida prestando sus servicios a costes inferiores a los que podrían pagar los consumidores y productores de los bienes adquiridos.
Archian & Allen (2018)
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¿Los intermediarios dispararon los precios?
La respuesta a la pregunta que hicimos en un inicio es un rotundo no. Esto se puede demostrar teóricamente, como ya hicimos arriba, mencionando que, en realidad, los intermediarios asumen riesgos y facilitan el intercambio, reduciendo los costos de transacción que, de otro modo, tendría que asumir el consumidor y el productor.
Ahora bien, esta hipótesis también puede cubrirse desde el punto de vista práctico, sobre todo si miramos tres índices clave: el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el Índice de Precios al Productor (IPP) y el Índice de Precios al por Mayor (IPM). Para una explicación de lo que mide cada uno, puede consultarse nuestro Monitor Monetario.
Como se puede observar en el gráfico, la evolución de los índices para el consumidor y el productor siguen una misma tendencia, de modo que no se registra ningún incremento sustancial en los precios, fuera de los niveles que demarca el nivel general de precios, cuando los productos pasan del productor al mayorista, es decir, el intermediario. Luego, no cabe apuntar a este grupo como responsable del encarecimiento de productos como los alimentos.
Esto no es todo. Si además miramos la descomposición de la inflación, podremos observar que la inflación núcleo, aquella que excluye bienes con preciso más volátiles, incluidos alimentos, registró un valor del 11%, mientras que la inflación en alimentos llegó al 12,8%. Así, pues, queda en evidencia que no existe una variación significativa en el aumento de los precios en alimentos con respecto a los demás bienes, sino que crecen a ritmos similares.
La «avaricia» no explica la inflación
Pretender que la avaricia de los intermediarios es la causa de la inflación es simplemente ofrecer una mala teoría de la inflación. Ésta no explica por qué, de repente, los intermediarios se volvieron más avaros de la noche a la mañana. ¿Cuál sería el móvil de tan repentino cambio de actitud? Lo cierto es que ninguno: El empresario siempre está a la búsqueda de un beneficio, pues esta no deja de ser la señal de que está cumpliendo con la demanda del mercado. Esta situación contrasta, por ejemplo, con la de empresas públicas como EMAPA, que compran caro y venden barato, sin importarle si eso deriva en pérdidas.
Lo que sí explica la inflación, como ya se ha mencionado, es la mala gestión fiscal y monetaria, es decir, una política de déficits crónicos financiados con emisión, lo que ha deteriorado el balance del Banco Central y desplomado el valor del boliviano. Si a ello se suma que cada vez más bolivianos persiguen una misma cantidad de dólares, se tiene una imagen mucho más completa de por qué los precios suben y continuarán subiendo a menos que se tomen serias medidas de ajuste fiscal.
Conclusión
Acusar a los intermediarios de ser los responsables de la inflación en Bolivia, o en cualquier otra parte del mundo, es algo más que un simple error. Esta postura implica no reconocer los verdaderos motivos del aumento de los precios en Bolivia, a saber, los responsables de la política monetaria.
Políticas como controles de precios no atacan la causa, de modo que los efectos persisten, afectando a los sectores más vulnerables, aquellos con menores ingresos y que destinan una mayor porción de su renta en alimentos. El diseño de políticas públicas para combatir la inflación, luego, debe partir de un análisis certero de las causas, apoyado en una teoría económica sana y los datos pertinentes.
Referencias
Alchian, A. & Allen, W. (2018) Universal economics. Indiana: Liberty Fund.
Coase, R. (1937) The nature of the firm. Economica, Vol. IV, n° 16.