En economía, para medir el bienestar, la creación de empleos suele ser una de las métricas más importantes. Según un informe del Banco Mundial en América Latina y el Caribe, los números recientes sobre empleo parecen mostrar resultados positivos ya que desde 2016, la región ha generado aproximadamente 27 millones de nuevos empleos.
Sin embargo realizando un análisis más detallado, basado en este reciente informe del Banco Mundial, se revela una realidad mucho más compleja. Ya que la creación de empleo no ha ido de la mano con una mejora en la calidad ni aumento de la productividad en lo que la mayor educación no se traduce en mejores salarios ni en un aporte al crecimiento económico sostenido.
Millones de empleos, sin mejoras en calidad
El problema central es que este crecimiento del empleo ha estado desconectado de las mejoras en la productividad. Esta desconexión sugiere que en ALC aumentan los empleos sin mejorar la productividad, lo que podría explicar los indicadores de calidad del empleo persistentemente bajos de la región.
En la práctica, esta «baja calidad» se manifiesta de varias formas, especialmente en lo que respecta a la informalidad. Dependiendo de cómo se mida, la informalidad mejoró o empeoró, revelando una doble realidad:
Menos autoempleo, pero más desprotección: Desde una perspectiva de productividad (que considera informales a los autoempleados no cualificados o a los asalariados en microempresas), la informalidad de hecho disminuyó 2.3 puntos porcentuales. Esto es una buena noticia, ya que sugiere un movimiento hacia trabajos asalariados. Sin embargo, si se mide desde la perspectiva de la protección social (empleos asalariados sin beneficios de pensión o salud), la informalidad aumentó 0.6 puntos porcentuales. En resumen, más personas consiguieron un salario, pero muchas de ellas sin los beneficios básicos.
- Alto subempleo: El subempleo, que agrupa a personas que trabajan menos horas de las que desean, se mantiene en un elevado 5%, superando el promedio de las economías de altos ingresos (3.2%).
- Índice de Calidad del Empleo en declive: El Índice de Calidad del Empleo (JQI), que mide múltiples dimensiones de un buen trabajo, de hecho disminuyó en 5 de los 11 países de la región analizados. En definitiva, aunque el número total de empleos ha aumentado, la creación de puestos de trabajo de baja productividad y sin protección social representa un desafío a largo plazo para la reducción sostenible de la pobreza.
- Más títulos universitarios, pero menores recompensas: Una de las tendencias más positivas en la región es que la fuerza laboral está cada vez más educada. Entre 2016 y 2024, la población con educación superior creció a una notable tasa anual del 5.1%, y el crecimiento del empleo fue más fuerte precisamente para este grupo altamente cualificado. La inversión en capital humano no está generando los beneficios económicos esperados. Los datos revelan una desconexión alarmante.
Retornos a la educación en declive: A pesar de tener más credenciales, los trabajadores no están viendo un aumento proporcional en sus ingresos. La caída en los retornos a la educación contribuyó a un modesto crecimiento anual de los ingresos laborales de solo 0.7% desde 2016.
Impacto neto negativo en el ingreso: Este hallazgo es particularmente revelador. Para la mayoría de los trabajadores, la combinación de más personas con títulos y la caída del valor de esos títulos tuvo una influencia neta negativa en el crecimiento de sus ingresos. En otras palabras, el efecto negativo de la devaluación de tener estos títulos fue más fuerte que el efecto positivo de tener más personas con estudios superiores, resultando en una pérdida neta.
¿Qué impulsa los ingresos si no es la productividad?
Uno de los hallazgos más enigmáticos del informe se refiere a qué ha impulsado el crecimiento de los ingresos en la región. Entre 2016 y 2024, el crecimiento de los salarios y los ingresos laborales, aunque modesto, superó el de la productividad, que se mantuvo estancada.
El análisis profundizó para entender este fenómeno, descartando los sospechosos habituales. Se encontró explícitamente que ni el aumento de los niveles educativos ni el incremento de la participación laboral femenina fueron los principales impulsores del crecimiento de los ingresos.
Entonces, ¿qué lo explica? El informe ofrece una pista concreta, el aumento de los salarios mínimos en algunas de las economías más grandes de la región puede ayudar a explicar, en parte, esta brecha entre los ingresos y la productividad.
Esta combinación de factores «invisibles» y decisiones políticas presenta un desafío mayúsculo. Si los motores del crecimiento de los ingresos no son los tradicionales y predecibles, ¿cómo pueden los gobiernos diseñar estrategias efectivas para mejorar los salarios y reducir la desigualdad de manera sistemática?
El mercado laboral de América Latina es un escenario de profundas contradicciones. Hemos visto un crecimiento en la cantidad de empleos que no se corresponde con una mejora en su calidad; una fuerza laboral más educada que no obtiene las recompensas esperadas; y un avance histórico de las mujeres que aún no se traduce en igualdad salarial. El crecimiento de los ingresos, por su parte, parece estar impulsado por factores de política laboral que no tiene los resultados esperados o factores que escapan a las explicaciones tradicionales.
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Referencia
Regional Jobs Update: Insights from Labor Force Surveys Latin America and the Caribbean, World Bank Document