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INFLACIÓN Y PRECIOS

La inflación sigue en aumento

Con la variación mensual superando el 5% y las previsiones oficiales duplicadas, la aceleración de precios confirma su raíz monetaria: el financiamiento del déficit vía emisión.

4 min de lectura
La inflación sigue en aumento

El dato

El último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) arrojó el dato actualizado de inflación y no trae consigo buenos augurios.

Según se puede leer en el mismo, variación mensual del nivel de precios fue de 5,21%, al tiempo que la inflación acumulada en lo que va de 2025 superó el 15,5%. Por otro lado, la variación a doce meses llegó a 23,96%.

Las implicaciones

¿Qué supone este nuevo dato de inflación? Podemos desarrollar dos puntos clave.

Primero, se trata de un aumento considerable de las variaciones intermensuales. En otras palabras, las tasas mensuales de inflación están creciendo a una velocidad cada vez mayor. Por ejemplo, la variación del mes de abril fue de 0,90%, al tiempo que la de mayo llegó al 3,65%. Este último dato de junio supera la barrera del 5%.

Segundo, las previsiones de inflación, tanto del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP), como del Fondo Monetario Internacional (FMI) han quedado desfazadas. En el Presupuesto General del Estado (PGE) se colocó una tasa de inflación del 7,5% como referencia; por su lado, el FMI, en su World Economic Outlook (WEO), proyectó una inflación del 15,1%. Al mes de junio ambas previsiones han quedado superadas; es más, la del gobierno ha sido más que duplicada.

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Perspectivas desalentadoras

El dato de la inflación no es, per se, lo único preocupante. Si anualizamos esta tasa de inflación, es decir, si tomamos la última cifra de inflación e imaginamos que se repite a lo largo de doce meses, el panorama se muestra delicado en extremos no vistos hace décadas.

Según se puede observar en el gráfico 1, anualizando la cifra de inflación de 5,21% obtenemos una tasa de inflación de 83,94%. Incluso si promediamos los últimos tres datos disponibles, el panorama no mejora sustancialmente, pues quedaríamos con una tasa de inflación de 53,75%.

En escenarios de espiral inflacionaria los principales afectados son aquellos con menores ingresos, es decir, los deciles más bajos de las distribuciones de renta. En este sentido, la inflación es un impuesto completamente inmoral. Deja desprotegidos a aquellos con rentas fijas, asalariados y rentistas/jubilados.

El contexto actual no permite preservar realmente el valor de la moneda a través de instrumentos financieros. Ni la colocación de cualquier ahorro en el sistema financiero privado o la adquisición de bonos gubernamentales garantiza un retorno tal que pueda hacerles frente a los actuales niveles de inflación.

Medidas necesarias

Lo cierto es que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Que las autoridades del gobierno comiencen a reconocer aquello, aunque sea parcialmente, es una señal de que esta lección económica básica no puede continuar siendo omitida.

A pesar de ello, se continúa impulsando la narrativa según la cual la inflación es producto de bloqueos o factores climáticos, desconociendo la raíz del problema, a saber, la sobreemisión de bolivianos para cubrir el déficit fiscal, monetizado por el Banco Central desde hace ya más de una década.

Luego, lo que la economía boliviana necesita con urgencia es, primero, reconocer la naturaleza monetaria de su espiral inflacionaria; segundo, recortar sustancialmente el gasto público, cerrando el agujero fiscal y, en consecuencia, eliminando el financiamiento del déficit por medio de títulos del Tesoro General.

En tercer lugar, se requiere de la aprobación de leyes que impongan restricciones fiscales sólidas y rígidas a los gobernantes. En otras palabras, se necesita garantizar que no se aprueben más presupuestos generales sin equilibrios entre ingresos y egresos, y que, en casos extraordinarios de aprobarlos, se especifiquen mecanismos para su corrección en el largo plazo.

En cuarto lugar, se debe descartar toda política de control de precios. Se entiende que, ante el malestar derivado del aumento de los precios, se busquen responsables más allá del gobierno, especialmente entre los intermediarios y productores. Lo cierto es que lo que se encuentra detrás de la caída del valor del boliviano, lo que causa que cada vez se compre menos con la misma cantidad de dinero, es la mala política monetaria y fiscal del gobierno, no un aumento súbito y repentino de la especulación, el agio o el “contrabando a la inversa”, un término carente de sentido económico.

Conclusión

El nuevo dato de inflación confirma lo que se venía anunciando hace ya varios meses. El gobierno gasta de manera crónica más de lo que ingresa. Ese agujero debe ser financiado con nuevos impuestos, deuda externa/interna o imprimiendo dinero.

Al optar por este último camino, el gobierno está degradando la calidad de su moneda, derivando en una presión inflacionaria que, mes a mes, se siente con cada vez más intensidad. Esto afecta principalmente a las familias más pobres, asalariados de bajos ingresos y jubilados.

Con miras a las próximas elecciones, es imperativo que el próximo gobierno, con independencia de las inclinaciones ideológicas, tome la decisión técnica de recortar el excesivo gasto y limite el financiamiento del déficit a través de la emisión de títulos de deuda del Banco Central. Sólo así podrá garantizarse la estabilidad del nivel de precios, tan necesitada en momentos de incertidumbre económica.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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