El último informe sobre deuda externa del Banco Central presenta un panorama que, de buenas a primeras, puede inspirar calma y tranquilidad. Sin embargo, una mirada más atenta nos induce a pensar que la sostenibilidad de la deuda externa puede estar comprometida por factores no contemplados en dicho informe.
En las siguientes líneas se realiza una evaluación de la deuda externa de Bolivia, presentando el stock, los indicadores de solvencia y los problemas que enfrentará el gobierno para cumplir con sus obligaciones en moneda extranjera en los próximos cinco años.
Estructura de la deuda
Acorde al “Informe de la Deuda Pública Externa al 30 de Junio de 2025” del Banco Central, la deuda externa llegó a los 13.805,6 millones de dólares, de la cual 9,779,5 millones corresponden a organismos multilaterales (CAF, BID, FONPLATA, etc.); 2.112,9 millones corresponden a deuda bilateral, contraída con países como China, Francia y Alemania; por último, 1.850 millones de dólares corresponden a títulos de deuda.
Al analizar la estructura de la deuda, resulta llamativo que el Tesoro General de la Nación concentra el 91,9%, equivalente a 12.687,6 millones de dólares. Le siguen ENDE con 391,9 millones, y ES-Mutún con 291,4 millones. Estos números reflejan la concentración de los desembolsos de deuda en el nivel central de gobierno.
Indicadores de riesgo
Pasando a los indicadores de riesgo, se recogen los siguientes datos: La relación deuda externa y PIB es del 23,2%; la relación deuda pública/exportaciones es del 136,8% y, por último, la relación servicio de la deuda/exportaciones del 14,9%.
Para realizar una valoración aproximada de la sostenibilidad de la deuda podemos recurrir a las métricas elaboradas por el Fondo Monetario Internacional en su “Debt Sustainability Framework” para países de bajos ingresos. Aunque es cierto que Bolivia ya no clasifica como país de bajos ingresos –sino como país de ingresos medios–, dichos parámetros nos sirven de guía.
Como se puede observar en el siguiente gráfico, los niveles de deuda se encontrarían dentro de los márgenes considerados aceptables cuando se trata de comparar la deuda pública con el PIB y las exportaciones. Sin embargo, es la relación del servicio de la deuda y las exportaciones que se registra una mayor carga.
¿Cómo se explica el deterioro del indicador “Servicio de la deuda externa/exportaciones”? Esto puede deberse, principalmente, a dos factores: Por un lado, el numerados, es decir, el costo financiero de la deuda, aumenta; por el otro, las exportaciones, el denominador, disminuye.
Desde 2022, Bolivia viene arrastrando una balanza comercial menos favorable, esto es, sus importaciones son mayores a sus exportaciones, lo que se traduce en salida de divisas. Esto se explica por la caída de las exportaciones, que pasaron de 1.155 millones de dólares por mes, en promedio, durante 2022, a apenas 763 millones para lo que va de 2025.
Adicionalmente, el costo financiero de la deuda contraída por Bolivia aumentó considerablemente. Por ejemplo, los primeros 1.000 millones de dólares capturados entre 2012 y 2013, así como los 1.000 millones adicionales contraído en 2017, tuvieron una tasa de interés del 4,875% y el 5,95%. Sin embargo, para el 2022, los 850 millones que se colocaron fueron a una tasa del 7,5%, lo que aumenta los pagos realizados por conceptos de interés.
Sin ir más lejos, se calculan unos 1.900 millones de dólares en obligaciones del servicio de la deuda para 2026, como se puede observar en el siguiente gráfico con el cronograma de pago de deuda externa.
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Conclusión
En definitiva, aunque ciertos indicadores de solvencia puedan ofrecer una imagen de solvencia y manejabilidad de la deuda externa, el problema no reside per se en el stock de deuda, sino en los flujos de divisas que el país será capaz de generar para hacer frente a sus obligaciones en moneda extranjera.
El sector hidrocarburífero se contrajo en 400 millones de dólares el año 2024, lo que supuso una pérdida importante de divisas. Esto, sumado a un costo cada vez mayor para acceder a los mercados internacionales de deuda soberana –principalmente por el deterioro de la calificación de dichos bonos–, se traduce en mayores dificultades para captar dólares.
De no regularizarse la situación de la economía, por ejemplo, recortando significativamente el gasto en moneda extranjera –tomemos por caso la subvención a los hidrocarburos–, Bolivia correría el riesgo de caer en default, lo que agravaría todavía más su ya debilitada situación financiera. Urge que las autoridades de política económica tomen decisiones que prioricen los destinos de los fondos, moderen el gasto público y devuelvan la confianza a los agentes económicos.