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POLÍTICA Y SOCIEDAD

El Nobel de Economía 2025: Oportunidades y cuentas pendientes

Contribuciones originales, edad avanzada e impacto académico marcan quién recibe el galardón, un proceso de premiación tan especulativo como discreto en su decisión final.

9 min de lectura
El Nobel de Economía 2025: Oportunidades y cuentas pendientes

Como parte del testamento de Alfred Nobel, reconocido por inventar la dinamita, el premio Nobel es uno de los mayores reconocimientos al que una persona, con independencia de su profesión, puede esperar recibir en vida. Inicialmente previsto para aquellos individuos que hubieran realizado “el mayor beneficio a la humanidad”, fue instruido para distinguir los aportes en cinco áreas: física, química, medicina, literatura y paz.

No sería sino hasta 1968 que, mediante el Banco Central de Suecia –Sveriges Riksbank–, se crearía el “Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel”. Los primeros ganadores serían Jan Tinbergen y Ragnar Frisch en 1969 y desde entonces ha reconocido las contribuciones de nombres que han quedado inmortalizados en los libros de historia de la profesión, entre los que se encuentra Paul Samuelson (1970), Simon Kuznets (1971), Friedrich Hayek (1974), Milton Friedman (1976), Robert Solow (1987) o, más recientemente, Acemoğlu (2024).

¿Cómo se lo(s) elige?

Existe un proceso complejo para la nominación de candidatos al Nobel de Economía, mismo que es conducido por las siguientes personas:

  • Miembros suecos y extranjeros de la Real Academia Sueca de Ciencias.
  • Miembros del Comité del Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.
  • Ganadores anteriores del Premio Nobel de Economía.
  • Profesores titulares de materias afines en universidades y colegios de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega.
  • Profesores con cátedras equivalentes en al menos seis universidades extranjeras seleccionadas cada año por la Academia para asegurar diversidad geográfica y académica.
  • Otros científicos invitados por la Academia para presentar propuestas.

Determinar quién o quiénes serán los próximos en recibir esta distinción es más especulación que cualquier otra cosa, principalmente porque el comité que toma esta decisión suele hacerlo con el mayor grado de discreción posible, al punto que el ganador se suele enterar de su situación casi al mismo tiempo que el resto de nosotros. Sin embargo, esto no quita que el público y el resto de la comunidad científica no tengan a sus favoritos. Las razones para ello varían.

El ejemplo perfecto lo encontramos de la mano de los últimos ganadores: Acemoglu, Johnson y Robinson. Este trío ya era bastante conocido por sus contribuciones a la teoría y rol de las instituciones políticas y económicas en la prosperidad de una nación. Su obra más conocida “Por qué fracasan los países” nos ofrece un repaso sobre la importancia de las instituciones inclusivas, la herencia colonial y las dinámicas entre la economía y los marcos normativos. De ahí que fueran considerados, desde hace ya varios años, candidatos sólidos a llevarse el galardón. La pregunta, entonces, era “¿cuándo?”.

Si persistían dudas sobre los tiempos era, principalmente, por el factor edad. La persona más joven en ganar el Nobel de Economía fue Esther Duflo en 2019, a los 46 años. Es decir, el premio lo suelen entregar a personas que rondan los sesenta o setenta años, cuando se encuentran en el ocaso de su carrera y con sus principales contribuciones ya esquematizadas. Los ganadores jóvenes son la excepción.

Hasta aquí ya tenemos dos criterios que suelen considerarse para la selección de el o los ganadores y, además, podríamos considerar un tercero, el impacto académico:

  • Contribuciones: Naturalmente, para ser un ganador del premio Nobel, se requiere de una contribución sustancial a la disciplina. Sin embargo, aunque parezca una obviedad, es importante recordarlo, pues no basta con ser un buen economista o haber participado en algún proceso económico trascendental para asegurarse el premio. En cambio, debe contabilizarse una o más contribuciones originales y que cambien la forma en que los economistas entienden su trabajo. Nos referimos de descubrimientos o propuestas transformadoras de la forma en que pensamos y hacemos economía. Introducción de las expectativas racionales, elementos de psicología y ciencias del comportamiento o experimentos reveladores en el campo laboral son algunos ejemplos de trabajos que han valido el Nobel de Economía.
  • Edad: La edad, aparentemente, juega un rol importante a la hora de definir quiénes tienen mayores posibilidades de ganar el Nobel. Detrás de ello no hay mucha ciencia; después de todo, lograr una contribución que revolucione toda una ciencia supone, en la mayoría de los casos, un programa de investigación que conlleva toda una vida académica. Hablamos de, como mínimos dos o tres décadas. De ahí que, a pesar de que la comunidad científica reconocía los aporte de economistas como Acemoğlu, su relativa juventud jugaba en su contra a la hora de decantarse por una victoria suya ante el resto de sus colegas igualmente candidatos. Si contabilizamos los 96 galardonados, la edad promedio de un Nobel de Economía al recibir tal distinción es de 66 años, es decir, aquel momento en que la carrera de un académico está más cerca de su final que de ofrecer cualquier otro aporte revolucionario.
  • Impacto: No basta con que una teoría sea revolucionaria. Se requiere, además, que ésta sea discutida y aplicada por la comunidad científica. Una forma de medir la influencia de un académico en este mundo es mirando la cantidad de citas que su trabajo ha acumulado en los años previos. Muy a menudo, los Nobel en Economía cuentan con dos o tres artículos con amplia difusión y numerosas citas en buscadores como Google Scholar. Por ejemplo, Ronald Coase, ganador del premio en 1991, acumula más de 57.000 citas en su artículo “The nature of the firm”, sumado a otras 46.000 citas en su artículo “The problema of social cost”. Estos son números impresionantes cuando consideramos que la mayoría fueron escritos entre finales de los años treinta y finales de los noventa. Así, Coase consiguió una influencia notable con una producción académica más bien reducida. En otros casos, un número alto de citas puede ser un indicador de mayores posibilidades de ganar el Nobel, tal y como lo demuestra el caso de Douglas Diamond, reconocido en 2022 con este galardón, experimentó una cantidad de citas especialmente altas –más de 2.000 por año– tras la crisis financiera del 2008, lo que no deja de ser relevante considerando que sus aportes gravitan entorno a temas financieros y bancarios.   

Habiendo aclarado estos puntos, pasemos a algunos candidatos que se perfilan este 2025.

¿Quién(es) lo ganará(n)?

Habiendo aclarado que no existe una lista oficial de nominados, los siguientes nombres que se barajarán son, en el mejor de los casos, una terna de potenciales candidatos con altas posibilidades de llevarse el galardón más codiciado dentro de la disciplina económica.

  1. Thomas Piketty: Economista francés reconocido por sus investigaciones sobre desigualdad y su labor histórica. Su libro “El capital en el siglo XXI” ha generado intensos debates sobre la necesidad de políticas redistributivas, como impuestos progresivos a la riqueza acumulada. Junto a sus colegas, Gabriel Zucman y Emmanuel Saez, Piketty es un candidato para considerar para esta edición del Nobel. Juegan en su contra, no obstante, su edad: Apenas 54 años. Esto sin mencionar los 38 años de Zucman y los 52 de Saez.
  2. Israel Kirnzer: Un nombre que ha sonado bastante desde hace algunos años, en gran medida por sus aportes a la teoría de la competencia, la empresarialidad y los procesos de mercado, así como su interrelación con conceptos de justicia y eficiencia. Sus avanzados 95 años son sinónimo de una vida dedicada a la economía, con múltiples libros y artículos que han tenido un impacto profundo en la profesión. Es, sin duda, una asignatura pendiente para el comité del Nobel.
  3. Robert Barro: Un economista que no requiere introducción. Sus aportes se centraron en la teoría del crecimiento, la macroeconomía y la política fiscal. Retomar las discusiones sobre las expectativas racionales o la equivalencia ricardiana son motivos suficientes para creer que Barro tiene opciones serias de ganar el Nobel este año.
  4. Otros candidatos: Si nos vamos a la opinión de dos grandes economistas –Alex Taborrok y Tyler Cowen, otros nombres que en 2024 sonaron para llevarse el Nobel fueron Michael Woodford, Susan Athey, Ariel Pakes,entre otros. Todos ellos nombres que vale la pena seguir de cerca en esta discusión.

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Algunas deudas pendientes

Así como el comité del Nobel ha tenido muchos aciertos, y algún que otro desliz. Por ejemplo, se puede argumentar con cierto sustento que Gunnar Myrdal no merecía realmente este premio y que su decisión respondía más a un intento de equilibrar la postura frente al otro ganador de ese año, Friedrich Hayek. Así, en 1974, un ganador con tendencias intervencionistas era compensado con otro ganador con tendencias de libre mercado.

Pero, dejando de lado esta controversia, no puede negarse que existieron numerosas oportunidades desperdiciadas para reconocer en vida la labor de grandes economistas. Nos referimos a algunos gigantes de la talante de Ludwig von Mises, Armen Alchain, Gordon Tullock, Janos Kornai, entre otros tantos.

Se puede discutir si estas decisiones estuvieron marcadas por cuestiones políticas, pero lo cierto es que siempre se está a tiempo de rectificar y reconocer el trabajo de otros tantos economistas que todavía viven y han realizado contribuciones invaluables a esta disciplina, como Kirzner.

Conclusión

Mientras esperamos se anuncie el próximo ganador del Nobel de Economía, no debemos perder de vista la justificada advertencia que nos regaló Hayek, ni más ni menos que en su discurso de aceptación de dicho premio, sobre la fatal arrogancia en la que incurren muchos economistas distinguidos con aquel galardón: “El Premio Nobel confiere a un economista una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer”.

Por ello, hemos de recordar que ganar el Nobel no convierte al que lo recibe en un experto automático en todas las ramas de la economía, y mucho menos que sus opiniones sobre temas que van más allá de la economía deban tomarse con la misma seriedad y peso que cuando se pronuncian sobre temas que sí dominan. Todavía sigue fresco en nuestra memoria el ataque frontal de Acemoglu a la libertad de expresión al firmar una carta que buscaba censurar la plataforma X –antes Twitter– y el revuelo que causó su posterior condecoración con el Nobel. Ya no era, pues, una simple discusión sobre “soberanía digital” o la capacidad de elegir dónde y cómo manifestarse, sino un asunto resuelto por la –supuesta– autoridad que le conferiría el Nobel a quien daba dicha opinión.

En resumen, el Nobel de Economía debe verse como una oportunidad para enterarnos de los continuos avances de la ciencia económica, no como un cheque en blanco para extender una garantía de autoridad moral indiscutible en cualquier asunto social.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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