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INFLACIÓN Y PRECIOS

El «Bono Bicentenario» contra la inflación

Detrás del bono se esconde un intento de retirar la liquidez emitida para cubrir el déficit. Pero frente a la inflación real, incluso con el oro al alza, su rendimiento esperado es marcadamente negativo.

5 min de lectura
El «Bono Bicentenario» contra la inflación

Un repaso

Mediante un comunicado de prensa, el Banco Central de Bolivia (BCB) ha dado a conocer el lanzamiento del “Bono BCB Bicentenario”, con una “rentabilidad del 9,75% y una tasa adicional indexada al oro” (BCB, 2025), algo similar al bono “BCB Navideño” que ofreció en octubre de 2024, con tasas del 7% a 9 meses y 7,5% a un año.

Según se lee en el cuerpo del documento, además de la tasa esperada del 9,75%, los ahorristas que decidan invertir en este instrumento contarán con “una tasa adicional que estará sujeta al crecimiento del precio del oro”. El comunicado precisa que se trata de un bono a un año, con un precio de Bs. 200 por bono y que queda limitado a 5.000 títulos por persona natural.

Pero ¿qué quiere decir este comunicado en el contexto de la crisis económica que atraviesa Bolivia? ¿Cuál es el verdadero objetivo de esta política? ¿Cabe esperar que el gobierno cumpla con sus obligaciones en moneda nacional?

¿Qué hay detrás de este movimiento?

Todo parece indicar que la finalidad de este bono no es otra que retirar liquidez de la economía, en una suerte de política monetaria contractiva. En los últimos años, el Banco Central ha emitido una cantidad considerable de bolivianos para financiar y cubrir el déficit fiscal que, hace ya más de una década, lleva arrastrando el erario.

De este modo, se buscaría retirar del sistema financiero ese exceso de bolivianos que estaría ejerciendo una presión inflacionaria desde hace ya un par de años.

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Una carrera contra la inflación

Veamos primero si el instrumento del BCB cumple con el objetivo explícito de ser rentable para los ahorristas bolivianos. El comunicado de prensa refiere a la “rentabilidad más competitiva del mercado”, sin embargo, el verdadero problema no radica en la tasa nominal, sino en si este instrumento será capaz de vencer las expectativas de inflación.

A la fecha, la inflación acumulada ya supera el 15% para el mes de junio. Inicialmente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) previó una inflación anual de 15,1%, misma que ya ha quedado desfazada. A su vez, proyectaron una inflación del 15,8% para el 2026.

Por ello, en lugar de emplear las tasas de inflación, ya caducas, del FMI, podemos tomar los últimos datos de inflación (3,65% para mayo y 5,21% para junio), promediarlas y anualizarlas, a modo de ofrecer un panorama más realista a la hora de analizar los posibles rendimientos de este bono. Realizando el cálculo respectivo, la inflación acumulada para la mitad de 2026 sería del 68,22%.

¿Y cuáles son las perspectivas con relación al oro? Aquí podemos movernos en tres escenarios, uno pesimista, uno moderado y otro optimista. El escenario pesimista sería, naturalmente, uno en el cual el oro no se revaloriza, de modo que el bono “Bicentenario” no consigue vencer a la tasa de inflación. ¿Qué sucede en los otros dos escenarios? Para ello podemos basarnos en las proyecciones de J. P Morgan sobre el precio de este commodity.

Las proyecciones optimistas esperan que el oro pase de 3.515$ por onza en el tercer trimestre de 2025 a 4.160$ en el tercer trimestre de 2026, cuando vencería el plazo del bono. En el caso del escenario moderado, donde el oro se aprecia más, principalmente debido a las guerras comerciales y posibilidades de recesión global, se esperaría un cambio de 2.900$ por onza a 3.050$.

Veamos cuál sería el rendimiento real en cada caso:

Escenario pesimista (sin apreciación del oro): En este escenario el rendimiento esperado es de -34,75%.

Escenario moderado (con apreciación del oro de entre el 5%-6%): Acá el rendimiento real del bono sería de -31,65%.

Escenario optimista (con apreciación del oro de entre 18%-20%): Este escenario, donde el oro llega a máximos históricos, nos arroja rendimientos de -23,85%.

En definitiva, las atractivas tasas de interés, sumadas incluso con rendimientos extraordinarios del oro, no son capaces de rebasar la rampante inflación. En cada escenario barajado el ahorrista terminará viendo su poder adquisitivo diluido por la pérdida de valor del boliviano frente a los demás bienes.

No hay, pues, instrumento financiero capaz de preservar el poder de compra de un boliviano que se deprecia mes a mes.

Otras implicaciones económicas

Dejando de lado los rendimientos del bono, no puede pasarse por alto el rol que juegan las expectativas de los agentes económicos y el componente temporal del mismo. El plazo del bono es de un año, lo que significa que la efectividad de la medida, tal y como se describe más arriba, quedaría comprometida por la restricción temporal. En otras palabras, ¿será capaz el gobierno de generar los recursos suficientes para cubrir la devolución del monto adquirido por los ahorristas más el pago de los intereses?

Esto, a su vez, limitaría la efectividad de un objetivo de contracción del circulante monetario si no se acompaña de un superávit fiscal primario. Al final del ejercicio, todo lo demás constante, terminaríamos con una mayor cantidad de bolivianos en circulación, lo que lejos de reducir la presión inflacionaria, la aumentaría.

Otra consecuencia negativa de esta medida es el efecto “crowding out”. El gobierno captura recursos del sector privado ofreciendo tasas de interés artificialmente altas, mismos recursos que terminan siendo empleados en los proyectos de inversión pública que han demostrado históricamente bajas tasas de rendimiento.

Estos recursos podrían haber entrado al sistema financiero y ser empleados por agentes privados, en proyectos de inversión mucho más rentables. El resultado es una descoordinación macroeconómica importante y un encarecimiento del capital para el sector privado. En lugar de canalizar recursos en sectores realmente productivos, estos terminan financiando inversiones poco viables, como empresas públicas deficitarias.

¿Qué esperar?

Naturalmente, la tasa de interés que ofrece el BCB hace atractiva la operación, de modo que cabe esperar una captura no menor de recursos de los ahorristas, grandes y pequeños. La pregunta es si realmente será capaz de recaudar los recursos suficientes para 1) Cubrir las necesidades elementales del gobierno en bolivianos 2) Sustraer del sistema financiero los bolivianos excedentarios que ejercen una presión inflacionaria.

Esto es algo que deberá ser monitoreado en los próximos meses, a la espera de nuevos comunicados de la autoridad monetaria. Sin embargo, el problema de raíz, el déficit fiscal y la sobreemisión de títulos de deuda del TGN para cubrir el déficit del SPNF continúa sin ser tratado apropiadamente. De cara a un nuevo periodo presidencial, este asunto, el del ajuste fiscal, continúa siendo la prioridad principal.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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