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POLÍTICA Y SOCIEDAD

Después de las elecciones

Cualquiera sea el ganador, el ajuste no es una opción ideológica sino una necesidad técnica. Tras una década de distorsiones, 2026 no traerá crecimiento inmediato sino el costo inevitable de la corrección.

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Después de las elecciones

Días después de las elecciones Bolivia amanece dividida. Un amplio sector de la población deposita su esperanza en el nuevo gobierno, confiando en que podrá resolver los profundos problemas estructurales que arrastra la economía nacional. Otro porcentaje, decepcionado y molesto por los resultados, observa el panorama con escepticismo y resentimiento. Sin embargo, más allá de la polarización política y la efervescencia social, existe una realidad ineludible: la necesidad de un ajuste económico serio y urgente.

Durante más de una década, la economía boliviana ha operado bajo distorsiones de mercado acumuladas: un tipo de cambio fijo y subsidios insostenibles, gasto público desbordado y una estructura estatal hipertrofiada que ahogó la eficiencia productiva. Esas políticas, aunque políticamente rentables, crearon una ilusión de estabilidad basada en desequilibrios fiscales y monetarios que hoy pasan factura.

El costo de la corrección

Cualquier intento responsable de reconstruir la economía boliviana implicará, inevitablemente, una contracción económica inicial. El ajuste no es una opción ideológica, sino una necesidad técnica.

Para restablecer los equilibrios macroeconómicos será indispensable:

•             Eliminación de los subsidios; una eliminación gradual permitiría ajustar los precios relativos de forma ordenada, dar tiempo a los sectores dependientes para adaptarse y aplicar políticas compensatorias bien focalizadas. Sin embargo, el proceso no debería prolongarse demasiado, y que puede mantener las distorsiones, los déficits y el uso ineficiente de recursos públicos. Por otro lado, una eliminación directa corrige inmediatamente los precios y mejora la sostenibilidad fiscal, pero podría generar aumentos generalizados en los costos de producción y transporte, afectando el poder adquisitivo y la estabilidad social en el corto plazo.

•             Disminuir el gasto público,redimensionando el aparato estatal y reasignando fuerza laboral hacia el sector privado productivo.

•             Restaurar las señales de precios, permitiendo que los mercados reflejen los costos reales de producción y la escasez relativa de bienes.

La caída del PIB en -2,4% durante el primer semestre de 2025 es una evidencia de la desaceleración en curso. La inflación, por su parte, ha erosionado el poder adquisitivo de los hogares, forzando a las familias a reajustar presupuestos y priorizar lo esencial. Este costo social —duro pero inevitable— es el precio de años de complacencia fiscal y de intervencionismo económico.

Consideraciones importantes

Una de los temas mas importantes de análisis actual es el Presupuesto General del Estado (PGE) el cual esta siendo elaborado bajo la gestión saliente, en gestiones pasadas el presupuesto proyectó ingresos y crecimiento con supuestos poco realistas. Si el nuevo gobierno decide mantener tales proyecciones sin correcciones de fondo, el resultado será un nuevo año de déficit fiscal, esta vez en un contexto mucho más frágil: reservas internacionales agotadas, tipo de cambio presionado y confianza empresarial deteriorada.

Bolivia ya no cuenta con el margen de maniobra que tuvo en años anteriores. La deuda pública crece, la capacidad de financiamiento externo se reduce, y las reservas —el verdadero colchón de la economía— se encuentran por debajo de los niveles de seguridad recomendados. En este escenario, la disciplina fiscal y la credibilidad institucional son más valiosas que nunca.

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Conclusión

La esperanza de cambio es legítima y necesaria. Pero ningún gobierno, por más renovador que se proclame, podrá reactivar la economía boliviana sin asumir el costo político de las reformas estructurales. La recuperación no vendrá del voluntarismo ni del gasto público, sino de la restauración de los incentivos correctos, la apertura a la inversión privada y el respeto a las reglas del mercado.

El 2026 no será un año de crecimiento inmediato, sino de transición. Sanear una economía requiere tiempo, disciplina y una ciudadanía que entienda que los sacrificios presentes son el requisito para un futuro sostenible. La fe puede inspirar; la economía, sin embargo, exige coherencia y realismo.

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Retrato de Paola Condori Fernández
Paola Condori Fernández Centro de Estudios POPULI

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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