La construcción del socialismo fue el ideal que más se vendió a lo largo de todo el siglo XX, con la Unión Soviética como la llamada a materializar ese sueño. Sin embargo, los problemas inherentes a dicho sistema, como la imposibilidad del cálculo económico en ausencia de propiedad privada, precipitaron su caída, lo que derivó, a su vez, en una crisis identitaria dentro de la izquierda internacional.
En sus intentos por reubicarse en el plano ideológico, la izquierda latinoamericana supo, a comienzos de los años noventa, canalizar sus energías en un espacio de encuentro de discusión, no sólo de ideas abstractas, sino principalmente de proyectos políticos. De la mano de Fidel Castro, quien llevaba ya varias décadas gobernando Cuba con mano dura, y Lula Da Silva, político brasilero emergente que venía de perder unas elecciones presidenciales, se organizaría un evento que convocaría a los principales políticos y partidos de izquierda para definir el futuro del socialismo en el siglo XXI.
Es así como en julio de 1990 se reunirían en Sao Paulo diferentes partidos y movimientos sociales de toda la región, desde el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, de El Salvador, pasando por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, de Nicaragua, hasta el Frente Amplio uruguayo. Este espacio, que buscaba ser la contrapartida del “Consenso de Washington” terminó con una resolución sucinta, de apenas dos páginas y media, pero con intenciones claras y objetivos bien definidos: “renovar el pensamiento de izquierda y el socialismo”1.
La selección de Sao Paulo no fue aleatoria. Desde los años sesenta que, desde espacios religiosos, se venía trabajando en la metamorfosis del ideario socialista. Con la aprobación del “Plano de Pastoral de Conjunto” de la Confederación Nacional de Obispos de Brasil, las ideas socialistas fueron permeando la institucionalidad de la Iglesia Católica. Por ejemplo, el fraile dominico Carlos Alberto Libânio llegaría a sostener que “la fe cristiana y el análisis marxista no son solo compatibles, sino aliados necesarios”2. Así, la teología de la liberación y su análisis socioeconómico terminaría siendo absorbida por el Partido de los Trabajadores, del cual Lula formaba parte, derivando posteriormente en el Foro de Sao Paulo.
El Foro de Sao Paulo en acción
¿Cuáles fueron las conclusiones a las que llegaron los asistentes a dicho espacio? Para comenzar, que era absolutamente necesario presentar batalla al giro a la derecha que se estaba observando en toda la región: A finales de los ochenta, sólo Castro, en Cuba, se encontraba en el poder.
La izquierda comenzaba a ser desplazada por alternativas de centro y derecha: De Alfonsín a Menem, en Argentina; de Hernán Siles Suazo a Víctor Paz Estenssoro, en Bolivia; el propio Lula, quien perdería las elecciones de 1989 frente a Fernando Collor de Mello, en Brasil. En otras palabras, la izquierda necesitaba, como objetivo principal, retornar al poder y ganar elecciones. Esta era la condición sine qua non para instaurar el socialismo. En palabras del sociólogo alemán, Heinz Dieterich: “El problema entre los que tienen y acumulan y aquellos que no tienen y son empobrecidos, no se resolverá por teleconferencias y filantropismo de los ladrones globales, sino sólo por la conquista del poder”3.
El cómo se lograría ellos sería una cuestión de estrategia política. Era preciso dejar atrás el discurso soviético, ya anticuado y con poco atractivo en un contexto tan ajeno, mudando hacia nuevas formas discursivas que incluyeran nuevos sujetos revolucionarios. En un sur global poco industrializado, con un proletariado subdesarrollado y apenas organizado, la izquierda paulatinamente fue ampliando sus filas, incorporando a nuevos sectores, históricamente marginados y excluidos del imaginario europeo, como campesinos, pueblos indígenas, ambientalistas, feministas y diversidades sexuales. Era la estrategia de la hegemonía populista, tal y como había sido descrita algunos años antes por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe4.
Una vez en el poder, los miembros del Foro de Sao Paulo aplicaron una serie de medidas que buscaban asegurar, ante cualquier amenaza de renovación política, ese objetivo principal que era la conquista del poder. Entre sus principales herramientas encontramos:
- Eliminación de los límites presidenciales: Los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa destacaron por ir de frente contra cualquier limitación que les impidiera seguir presentándose a elecciones y disputando el poder. En una clara muestra de búsqueda de hegemonía total, se pasó por encima de constituciones, leyes, cortes y hasta referéndums populares, como en el caso de Bolivia y Nicaragua.
- Captura de cortes: La permanencia en el poder y otras medidas más requerían de un paso previo: la eliminación de cualquier mecanismo de control horizontal, es decir, de los contrapesos que son propios a todo Estado de derecho. Los gobiernos del Foro de Sao Paulo fueron hábiles en desinstitucionalizar cortes constitucionales a fin de allanar el camino a sus pretensiones hegemónicas.
- Persecución política: El siguiente paso fue eliminar cualquier forma de competencia electoral. La proscripción de partidos de oposición, el forzar el exilio en figuras políticas emergentes o asfixiar con normativas que favorecían al oficialismo fueron algunas de las medidas aplicadas para reducir la oferta electoral en los países en que gobernó el Foro de Sao Paulo. Esta medida llegó a afectar incluso a autoridades electas, que en procesos judicializados fueron apartadas de sus cargos oficiales. Todo esto al tiempo que el Foro denunciaba “lawfare” en su contra de sus miembros, como Cristina Fernández, Rafael Correa o Evo Morales.
- Politización de las Fuerzas Armadas: Otro elemento que fue característico del Socialismo del Siglo XXI y el Foro de Sao Paulo fue la corrupción ideológica de las Fuerzas Armadas. La experiencia de Chávez, quien se vio separado del poder por escasas horas tras un alzamiento militar, fue clave para que los miembros de la izquierda internacional entendieran la importancia de subyugar al ejército a su proyecto hegemónico. Los generales antiguos eran retirados y promociones enteras puestas a un lado para dar lugar a simpatizantes y compañeros de causa. En Bolivia se llegó incluso a crea una “Escuela Antiimperialista”, evitando así posibles disidencias y amotinamientos por descontentos.
- Ampliación de la dependencia del Estado: Aun cuando los resultados económicos fueran adversos, el Foro de Sao Paulo buscó preservar el poder incluso cuando el viento no soplara a su favor. Al expandir el Estado de bienestar, en su retórica de ampliar y garantizar “derechos sociales”, se generó una red clientelar sin precedentes en la región. El resultado fue una mayor dependencia de las clases populares del Estado, quienes tenían que acudir a los miembros del Foro de Sao Paulo para recibir servicios como salud, educación o vivienda. Lo que se vendía como una ayuda a los más necesitados para cubrir sus necesidades más básicas, terminó por convertirse en un arma de chantaje emocional: La izquierda debía permanecer en el poder, caso contrario, los “neoliberales” volverían a privatizar todo, coartando los “derechos” ganados. Generar dependencia aseguraba votos.
- Infiltración en la cultura: Por último, la izquierda internacional comprendió la importancia de la cultura como motor de cambios sociales. Incluso antes de llegar a ganar elecciones, el Foro de Sao Paulo buscó cimentar su influencia en universidades, centros de estudio, fundaciones, oenegés, industrias artísticas como el cine y la música, y cualquier otro sector que influyera en las ideas de los votantes, como sindicatos o colectivos de diversidades sexuales y medioambientales. Por ejemplo, las universidades se inundaron de ideas cepalinas y dieron origen al “nuevo constitucionalismo latinoamericano”. Así, el paradigma político fue desplazándose paulatinamente, introduciendo en las mentes de los jóvenes, casi de manera subliminal, las ideas de justicia social y de redistribución de la riqueza, mismas que, más adelante, serían la carta de presentación del Socialismo del Siglo XXI de cara a las elecciones.
Fisuras del Foro de Sao Paulo
Durante un periodo de casi treinta años, que va desde comienzos de los noventa a mediados de la segunda década de los dos mil, el proyecto del Foro de Sao Paulo supo dar sus mejores frutos para la izquierda internacional. Aunque Fidel había fallecido en 2016, su hermano, Raúl, le sucedió sin sobresaltos en la dirección del Partido Comunista; Chávez, que perdió la vida en 2013, también supo dejar a buen recaudo el régimen bolivariano, con Nicolás Maduro como su sucesor. Por su parte, la dinastía Kirchner parecía estar asegurada por varios años, incluso tras la sorpresiva muerte de Néstor en 2010. Otros mandatarios, como Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua, apostaron con éxito por la reelección indefinida para aferrarse al poder.
Sin embargo, a finales de la segunda década del nuevo siglo, el Foro de Sao Paulo comenzaría a acumular derrotas, tanto electorales como ideológicas. En el plano electoral, en Argentina, para 2015, el proyecto peronista no logró imponerse a Mauricio Macri; en Brasil, Dilma Rousseff sería destituida de su cargo en 2016; en Ecuador, Correa sería sucedido por Lenin Moreno, que rompería con su correísmo en 2017; en Chile, Sebastián Piñera volvería a la presidencia tras un segundo mandato de Michel Bachelet para 2018; en Bolivia, Morales perdería un sería apartado del cargo por protestas ciudadanas en 2019 tras denuncias de fraude electoral; en El Salvador, el FMLN sería desplazado por un emergente Nayib Bukele. A esta larga lista se suman Bolsonaro en Brasil (2019), Luis Lacalle Pou en Uruguay (2020) y Guillermo Lasso en Ecuador (2021)
En el plano ideológico, las tácticas descritas en la sección anterior, desapercibidas en un inicio, comenzaron a volverse patrones fácilmente identificables y, por consiguiente, censurables en el ámbito internacional. Las condenas a la dictadura cubana y venezolana sólo eran puestas de lado cuando se criticaba las prácticas prorroguistas de Ortega y Morales. El éxodo masivo de venezolanos y la falta de pluralismo en el resto de los países que acogieron las ideas del Foro de Sao Paulo únicamente abrían el paso a alternativas en el centro y la derecha.
El proyecto de una Latinoamérica unida bajo el ideario del Socialismo del Siglo XXI parecía venirse abajo, especialmente cuando se observaba que los sectores conservadores comenzaban a imitar a la izquierda, organizando sus propios espacios de discusión y coordinación electoral, como el Grupo de Lima (2017), la Cumbre Conservadora de las Américas (2019), el Foro para el Progreso de América del Sur (2019) o el Foro de Madrid (2020).
El Foro de Sao Paulo, viendo que el proyecto del Socialismo del Siglo XXI tambaleaba, comprendió que era necesario impulsar una transformación en la forma en que se vendía este ideal. Al igual que hace treinta años atrás, era necesario reinventar la forma en que la izquierda internacional seduciría a su electorado de cara a una nueva etapa que estaba todavía por comenzar.
Si algo queda claro es que la izquierda internacional está experimentando un momento de inflexión sólo superado por el que tuvo que atravesar tras la caída de la Unión Soviética o la caída del muro de Berlín. Aquellas personalidades que lideraron los procesos de transformación y que debían conducir a la región hacia el Socialismo del Siglo XXI, impulsado desde el Foro de Sao Paulo, ya no se encuentran en el poder y, en su práctica totalidad, han quedado marginadas de los espacios de toma de decisión, pasando a un segundo plano en sus respectivos escenarios políticos nacionales.
La necesidad de reinventarse era más que evidente. Esta renovación viene de la mano de nuevos espacios de reunión, discusión y articulación de proyectos regionales. Nos referimos al denominado Grupo de Puebla, cuyo origen se remonta al 14 de julio de 2019 y que respondía al movimiento pendular de la política regional, mismo que oscilaba desde la izquierda hacia posiciones de derecha.
En su primera reunión, pudo congregar a 30 líderes de 10 países; en su último congreso, en octubre de 2023, el número de participantes ascendió a 200, provenientes de una veintena de países. La declaración resultante de dicho congreso se puede resumir en las siguientes líneas: “construir un nuevo proyecto común que, aprendiendo de nuestros errores y recuperando nuestra vocación de mayorías y de gobierno, nos permita devolver a nuestros pueblos la esperanza de una sociedad más justa, más solidaria, más igualitaria”5. Es decir, relanzar lo que en su día se intentó con el Foro de Sao Paulo y que, en esos tiempos, parecía llegar a fin de ciclo en medio de lo que, más adelante, llamarían el “invierno conservador” (2016-2021).
¿En qué se diferenciaba el antiguo Foro de Sao Paulo del nuevo Grupo de Puebla? La principal contraste entre ambas organizaciones radica en la forma individualizada y personal con la que el Grupo de Puebla acepta e incorpora a sus miembros. No busca ser una alianza de partidos, sino de personalidades, políticos, juristas, intelectuales y activistas, entre los que destacan nombres como los de Rafael Correa, Dilma Rousseff y José Luis Rodríguez Zapatero. Esto abre las puertas a la “posibilidad de establecer un camino de articulación durable que esté más allá de los cambios de gobiernos en la región”6. En palabras del propio Grupo de Puebla, se trata de proponer “una alianza fundamentada en relaciones internacionales entre Estados y no entre gobiernos”7. Los gobiernos pasan, pueden virar a la derecha, pero los Estados, los intelectuales que habitan en él y los grupos que conforman, permanecen.
Dado que su principal objetivo es relanzar el proyecto progresista de la izquierda internacional, no debería sorprendernos que el Grupo de Puebla aglutine a la nueva camada de líderes y mandatarios de la región, entre los que se encuentran Luis Arce Catacora (2020), de Bolivia; Gabriel Boric (2022), de Chile; Gustavo Petro (2022), de Colombia; Xiomara Castro (2022), de Honduras; Claudia Sheinbaum (2024), de México, y Yamadú Orsi (2025), de Uruguay.
Otro cambio importante con respecto al Foro de Sao Paulo radica en el uso del lenguaje y del discurso. Ya no se habla de “socialismo”, “Socialismo del Siglo XXI”, y similares. En cambio, se observa un viraje hacia formas más matizadas y sutiles para referirse a políticas de izquierda. En este caso, “progresismo” fue el término que acabaría por encapsular su proyecto de un futuro poscapitalista, y hay motivos para el éxito de dicha etiqueta. El principal es la connotación emocional que conlleva: “Progresismo” evoca a progreso, y quien se le oponga puede, con facilidad, se tachado de “retrógrado”, o “reaccionario”.
Una de las principales estrategias promovidas dentro del Grupo de Puebla es la búsqueda de la “unidad progresista”. En vista de que el enfrentamiento entre los diferentes cuerpos de la izquierda “sólo favorece a la derecha”, el Grupo de Puebla ha cobrado conciencia de la necesidad de que, como primer paso, se deben “unir las fuerzas del progresismo”8.
Por lo demás, el Grupo de Puebla mantiene, profundiza y/o retoma las temáticas que moldeaban las políticas del Foro de Sao Paulo. Como se puede leer en su “Declaración de Santa Marta” de 2022: “La región necesita incorporar y enfatizar nuevos temas en la agenda regional que antes, por distintas razones, no tenían la visibilidad que hoy parece indiscutible como las políticas públicas de medio ambiente, la equidad de género, la libre movilidad de las personas, la transición ecológica, la defensa de la selva amazónica y de los derechos de los pueblos indígenas, el desarrollo de energías alternativas y la necesidad de incluir nuevos actores sociales y económicos en los procesos regionales de integración”9.
De ahí que, entre sus principales propuestas económicas se encuentren la superación de los mecanismos de evaluación de riesgo financiero por parte de empresas privadas, la condonación/reestructuración de la deuda externa y la desdolarización, llegando incluso a proponer la creación de una moneda regional”9. El resto de la arquitectura económica a la que apunta el Grupo de Puebla se puede encontrar, por ejemplo, en su “Manifiesto Progresista”10, publicado en 2021, donde se leen propuestas como:
- Recuperar el papel fundamental para el Estado
- Revisar privatizaciones y promover más control público y menos mercado en el suministro de servicios y bienes públicos
- Generar cadenas sociales de valor
- Establecer la Renta Básica Solidaria
- Promover la justicia fiscal
En materia social, encontramos novedades como la defensa de la migración. Como se puede leer en la declaración del segundo encuentro del Grupo de Puebla, celebrado en 2019 en Buenos Aires: “Debemos considerar el concepto de la migración, como un derecho humano. El progresismo debe proponer pasar de la migración como un problema de seguridad, a la migración como un principio de seguridad”12.
En el ámbito cultural, las ideas del Socialismo del Siglo XXI continúan ganando fuerza en los medios de difusión de la cultura y generación del conocimiento. Las universidades, las producciones audiovisuales, a menudo subsidiadas por los propios gobiernos, la música y otras expresiones de la cultura son instrumentalizadas para servir como cajas de resonancia del mensaje político que en su día pregonaba el Foro de Sao Paulo y que ahora recoge el Grupo de Puebla.
Aunque se ha buscado diferenciar del Foro de Sao Paulo al presentarse como un espacio más democrático y plural, lejos del autoritarismo vinculado a los grupos y exmandatarios de este (como la participación de las FARC o autócratas de la talante de Chávez o Morales), lo cierto es que el Grupo de Puebla no ha estado exento de controversias políticas. Desde defender gobiernos como el de Nicolás Maduro en Venezuela, hasta continuar con la persecución de adversarios políticos, como sucede actualmente en Bolivia, las prácticas que buscan asegurar la supervivencia de un proyecto hegemónico, sin oposición real, sustentado en bases populares e identitarias, continúan siendo aplicadas con plena vigencia.
Maduro continúa en el ojo de la tormenta. Las elecciones celebradas en 2024 no pudieron ser certificadas como libres y transparentes, pues hasta la fecha la Corte Nacional Electoral no ha sido capaz de publicar las actas. Luis Arce, sucesor de Morales, comenzaría juicios políticos repletos de irregularidades a líderes opositores, entre los que se encuentran Luis Fernando Camacho y Jeanine Añez, figuras clave en la caída del régimen del MAS. Claudia Sheinbaum en México ha impulsado reformas en el sistema judicial, esto a través de la elección de jueces, una medida que ha recibido numerosas críticas por comprometer la imparcialidad de dicho poder.
¿Te interesa este análisis?
Recibe nuestras publicaciones directamente en tu correo. Sin spam, solo contenido de calidad.
Conclusión
Sin lugar a duda, el Grupo de Puebla es resultado de las numerosas tensiones internas y externas que la izquierda internacional, originalmente organizada entorno al Foro de Sao Paulo, ha tenido y tendrá que enfrentar en un mundo en constante cambio, con populismos, autoritarismo y democracias al vilo del colapso.
En definitiva, el Grupo de Puebla puede verse como una actualización del ideario y programa inaugurado por el Foro de Sao Paulo a comienzos de los noventa. Ante el agotamiento cíclico que experimentan sus fuerzas electorales más importantes (Chávez, Morales, Correa, Kirchner, etc.), la izquierda internacional encuentra nuevas formas de reinventarse, empleando una estrategia de creación constante de “pueblos” a través de sujetos políticos que, a menudo, se presentan como minorías raciales, políticas, económicas o sociales.
El verdadero potencial y alcance del Grupo de Puebla radica no en la renovación de su propuesta política, que continúa siendo el socialismo, sino en la presentación y los actores que se encuentran detrás de la bandeja. Detrás de la retórica de la inclusión, el animalismo y el ecologismo, se esconde un proyecto político que termina por eliminar la institucionalidad democrática, suprime los pesos y contrapesos de un Estado de derecho y socava las libertades y derechos de los individuos: el socialismo. Como diría Kristian Niemitz, nos encontramos ante “la idea fallida que se rehúsa a morir”.
Referencias
1 Declaración de Sao Paulo (1990), recuperado de: https://forodesaopaulo.org/declaracao-de-sao-paulo/.
2 Giansante, M. (2025) The Silent War for Latin America: How the Foro de Sao Paulo subverted Liberty from Within, recuperado de: https://mises.org/mises-wire/silent-war-latin-america-how-foro-de-sao-paulo-subverted-liberty-within.
3 Dieterich, H. (2007) El Socialismo del Siglo XXI, pág. 11.
4 Laclau, E. & Mouffe, C. (1987) Hegemonía y estrategia socialista: Hacia una radicalización de la democracia. Madrid: Siglo XXI, págs. 100-101.
5 Grupo de Puebla (2019) Declaración de Puebla, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/declaracion-de-puebla/.
6 Friggeri, F. & Ricobom, G. (2020) CELAC y el Grupo de Puebla: ¿Se retoma la integración latinoamericana y caribeña? Sul Global, Vol. I, n° 2, págs.153-171.
7 Grupo de Puebla (2023) Declaración IX Encuentro Grupo de Puebla: En unidad avanzamos, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/en-unidad-avanzamos-declaraciones-del-grupo-de-puebla-y-clajud-en-el-ix-encuentro/.
8 Grupo de Puebla (2020) La unión es el cambio: Paz, economía y pandemia, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/declaracion-la-union-es-el-cambio-paz-economia-y-pandemia/.
9 Grupo de Puebla (2022) Declaración de Santa Marta, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/declaraciondesantamarta/.
10 Grupo de Puebla (2021) Manifiesto Progresista, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/manifiestoprogresista/.
11 Grupo de Puebla (2021) Declaración del Séptimo Encuentro del Grupo de Puebla, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/declaracion-del-septimo-encuentro-del-grupo-de-puebla/.
12 Grupo de Puebla (2019) II Encuentro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”, recuperado de: https://www.grupodepuebla.org/ii-encuentro-ciudad-autonoma-de-buenos-aires/.