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INSTITUCIONES

Datos abiertos: Bolivia frente al mundo

El país publica información, pero publicar no es abrir. Frente a la región, Bolivia arrastra una brecha de calidad y accesibilidad que encarece fiscalizar al Estado y limita el control ciudadano.

6 min de lectura
Datos abiertos: Bolivia frente al mundo

Bolivia no parte de cero en materia de información pública. Existen portales estatales, documentos oficiales, estadísticas, memorias institucionales, reportes presupuestarios y plataformas digitales. Sin embargo, cuando el país se compara con sus pares regionales, aparece una brecha que no conviene minimizar: Bolivia todavía está lejos de los estándares más avanzados de apertura, calidad y accesibilidad de datos públicos.

La cuestión no es solamente si el Estado publica información. La pregunta más importante es otra: qué tan útil es esa información para ser usada, comparada, procesada y fiscalizada. En esa diferencia se juega buena parte del debate sobre gobierno abierto. Un país puede tener documentos disponibles y, aun así, no contar con un verdadero ecosistema de datos abiertos.

Los indicadores regionales ayudan a ordenar la discusión. Permiten ver si Bolivia está avanzando al ritmo de sus vecinos o si se está quedando atrapada en una zona intermedia: con cierta disponibilidad de información, pero sin dar el salto hacia datos públicos realmente reutilizables.

Datos abiertos en la región

Bolivia aparece en una posición intermedia-baja en apertura de datos oficiales, con un puntaje que oscila entre los 55 y los 59 puntos sobre 100 en categorías como «covertura» y «apartura» de datos. No se trata del país más rezagado de la región, pero tampoco se ubica entre los referentes. Países con mejores desempeños muestran mayores avances en cobertura, apertura, formatos reutilizables y accesibilidad.

Este punto es importante porque evita dos errores. El primero sería afirmar que Bolivia no tiene ningún avance. Eso no es cierto. El segundo sería asumir que la existencia de datos o documentos oficiales basta para hablar de apertura. Eso tampoco es correcto.

La comparación regional muestra algo más preciso: Bolivia tiene una base institucional y documental sobre la cual avanzar, pero todavía no ha consolidado un sistema de datos abiertos comparable con los mejores casos de la región. Esa brecha importa porque los datos públicos son insumos para muchas cosas: investigación académica, periodismo de datos, control ciudadano, innovación privada, diseño de políticas públicas y evaluación de resultados.

Sin datos abiertos, la discusión pública depende demasiado de documentos cerrados, reportes fragmentados o información difícil de procesar. Eso eleva el costo de fiscalizar al Estado. También limita la capacidad de detectar tendencias, comparar gestiones, evaluar gasto, seguir contrataciones o analizar resultados.

La literatura sobre datos abiertos insiste en una idea sencilla: la apertura no depende únicamente de publicar información, sino de que esa información pueda ser efectivamente reutilizada. La calidad, accesibilidad, actualización, estandarización y posibilidad de procesamiento son condiciones centrales para que los datos generen valor público (Wirtz et al., 2022; Zuiderwijk et al., 2019).

Cantidad y calidad de los datos

Este gráfico nos permite mirar el problema con más precisión. Bolivia no enfrenta únicamente una brecha de disponibilidad. Enfrenta también una brecha de calidad y accesibilidad. Categorías como «Accesibilidad», «Derecho a la información» o «Presupuesto y gasto» exhiben valores preocupantemente bajos frente al promedio regional, lo que despierta alarmas sobre la calidad de los datos abiertos y la transparencia en Bolivia. Esto significa que cierta información puede existir, pero no necesariamente estar actualizada, completa, estructurada, descargable o documentada.

Esta distinción es clave. Un país puede publicar muchos archivos y, aun así, tener malos datos. Puede tener portales visibles, pero sin metadatos. Puede subir documentos, pero sin series históricas. Puede ofrecer información, pero sin formatos legibles por máquina. Puede mostrar transparencia formal, pero no transparencia útil.

En términos prácticos, la mala calidad del dato público traslada costos a la sociedad. El periodista debe reconstruir bases. El investigador debe limpiar archivos. La organización civil debe convertir PDFs. El empresario debe procesar información incompleta. El ciudadano común, directamente, queda fuera. Así, la transparencia se vuelve accesible solo para quienes tienen tiempo, recursos o capacidades técnicas para transformar documentos dispersos en evidencia usable.

Ese es el rezago silencioso. No siempre se nota en la superficie. El portal existe. El documento está publicado. La información parece disponible. Pero cuando alguien quiere usarla, aparecen los problemas: formatos cerrados, enlaces rotos, ausencia de metadatos, falta de actualización, series incompletas, categorías inconsistentes o imposibilidad de descarga masiva.

La experiencia comparada muestra que este tipo de fallas reduce el valor público de los datos. La literatura ha identificado incluso los llamados “portales aparentes”: plataformas que cumplen formalmente con publicar información, pero no permiten reutilización profesional ni fiscalización sistemática por falta de formatos abiertos, metadatos, APIs o actualización regular (Abella et al., 2022).

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Una advertencia en clave regional

La comparación con la región debería leerse como una advertencia institucional. Bolivia no está condenada a rezagarse. Varios países latinoamericanos han mostrado que es posible avanzar en catálogos de datos, estándares técnicos, portales más interoperables, información presupuestaria más accesible y mejores mecanismos de reutilización.

Pero ese avance requiere cambiar el criterio de éxito. No se trata de medir cuántos documentos sube el Estado, sino qué puede hacer la sociedad con ellos. El estándar correcto no es la publicación, sino la reutilización.

Un sistema de datos abiertos debería permitir, como mínimo, descargar bases completas, conocer la fecha de actualización, entender las variables, comparar años, cruzar información entre instituciones, acceder a formatos CSV o JSON, contar con licencias claras y usar identificadores consistentes. Sin esos elementos, la información pública queda atrapada en una zona de baja utilidad.

Bolivia necesita avanzar hacia ese estándar. Especialmente en áreas de alto valor público: presupuesto, ejecución presupuestaria, deuda, contratación pública, inversión, nómina estatal, auditorías, salud, educación, empresas públicas e indicadores territoriales. En esas áreas, la apertura de datos no es un lujo técnico. Es una condición para mejorar el control del gasto, reducir la discrecionalidad y fortalecer la deliberación pública.

Disponibilidad e infraestructura

El objetivo no debería ser simplemente tener más portales. Bolivia necesita construir una infraestructura pública de datos. Eso implica reglas comunes, estándares técnicos, coordinación institucional, actualización sistemática, metadatos obligatorios y orientación hacia los usuarios reales de la información: ciudadanos, periodistas, investigadores, empresas, organizaciones sociales y entidades de control.

El rezago boliviano frente a la región no debe leerse como una fotografía definitiva, sino como un punto de partida. El país tiene una base mínima sobre la cual trabajar, pero debe pasar de la información publicada a los datos reutilizables; de los documentos dispersos a las bases interoperables; de la transparencia formal a la apertura efectiva.

La conclusión es directa: Bolivia no necesita competir por tener más archivos en línea. Necesita competir por tener mejores datos públicos. Datos completos, abiertos, actualizados y utilizables. Solo así la información estatal podrá convertirse en evidencia, innovación, control ciudadano y mejor política pública.

Referencias

Abella, A., Ortiz-de-Urbina-Criado, M., & De-Pablos-Heredero, C. (2022). Criteria for the identification of ineffective open data portals: pretender open data portals. El Profesional de la Información.

Wirtz, B., Weyerer, J., Becker, M., & Müller, W. (2022). Open government data: A systematic literature review of empirical research. Electronic Markets, 32, 2381–2404.

Zuiderwijk, A., Shinde, R., & Janssen, M. (2019). Investigating the attainment of open government data objectives: Is there a mismatch between objectives and results? International Review of Administrative Sciences, 85, 645–672.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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