Si vive hace unos años en Santa Cruz de la Sierra y le tocó sacar o renovar el carnet de identidad, es probable que en la cola haya visto a una familia menonita. Se distinguen: los hombres de camisa a cuadros y sombrero, las mujeres de vestido floreado y pañuelo, y entre ellos un idioma que no es castellano ni ninguna lengua originaria, sino plautdietsch, un bajo alemán que sus bisabuelos trajeron de Canadá, de México o de Paraguay. Otro aspecto característico de estas familias es que cada pareja suele venir acompañada de bastantes hijos: de acuerdo con la edad de los padres podrían ser tres para una familia relativamente joven, o siete para una familia de padres con una edad próxima a los 50 años.
La experiencia familiar de las familias menonitas es una buena introducción a la historia demográfica del país en las últimas décadas, no porque signifiquen un ejemplo típico de la composición de las familias bolivianas, sino porque la eclipsan por completo. A principios de este año el Instituto Nacional de Estadística publicó las Estimaciones y proyecciones de población de Bolivia, departamentos y municipios/TIOC. Revisión 2025, donde sitúa la Tasa Global de Fecundidad del país en 1,56 hijos por mujer para 2026.
La Tasa Global de Fecundidad (TGF) de un año X en una población es el número medio de hijos que nacen de una mujer si esta vive hasta el final de su edad fértil y, en cada año fértil, da a luz según la fecundidad media de las mujeres de precisamente esa edad en el año X. De una manera más rápida y solo un poco imprecisa: una TGF de 2,5 en una población significa que esperamos que una mujer que pertenezca a esa población tenga 2,5 hijos de media.
La tasa de fecundidad es especialmente útil cuando la comparamos con la tasa de reemplazo, es decir, la cantidad de hijos necesaria para mantener estable una población. La cifra más conocida es 2,1. ¿Por qué?
En una población sin abortos selectivos, nacen aproximadamente 105 niños por cada 100 niñas. En una economía avanzada, con alta esperanza de vida, unas 98 de cada 100 niñas llegan al final de su edad fértil. Así, si 1.000 mujeres tienen 2.100 hijos, nacerán aproximadamente 1.024 niñas. De ellas, unas 1.000 sobrevivirán su edad fértil y podrán tener, a su vez, 2.100 hijos. De este modo, una fecundidad de 2,1 hijos por mujer permite mantener aproximadamente constante el tamaño de la población. Las economías en vías de desarrollo podrían tener una tasa de reemplazo un poco mayor a este número.
Como ya habrá advertido, los datos oficiales del país muestran que Bolivia está ya por debajo del nivel de reemplazo, además de presentar una caída particularmente importante con el paso del tiempo.
Bolivia estaba alrededor de 4,8 hijos por mujer a mediados de los años noventa, en el grupo de los países más fecundos de América Latina junto con Guatemala y Honduras, y cruzó el nivel de reemplazo alrededor de 2019. En poco más de treinta años perdió dos tercios de su fecundidad. El descenso de un país entero desde ese nivel hasta el de una economía avanzada suele tomar generaciones, y un cambio de esta magnitud era muy poco previsible para demógrafos y economistas. Jesús Fernández-Villaverde, economista de la Universidad de Pensilvania que lleva años siguiendo la caída de la natalidad en el mundo, lo resumió así al ver la cifra boliviana para 2026: «Si me hubieran dicho hace 10 años que, para 2026, la tasa total de fecundidad de Bolivia estaría por debajo de la de EE. UU., no lo habría creído. Habría apostado con gusto 1 dólar contra 1 millón de dólares a que no sucedería. De hecho, miro la tabla y todavía necesito pellizcarme. Bolivia estaba alrededor de 6,5 a mediados de los años 80 y alrededor de 3 en 2010 más o menos. No lo sé. A veces desearía ser un mejor escritor, para poder expresar lo que estoy sintiendo en este momento. Más que nada, la sensación de que hace diez años me perdí un cambio fundamental en la humanidad. ¿Qué más puedo estar perdiéndome ahora?».
Dado que en esta entrada no busco extenderme enumerando todas las causas y consecuencias del declive de la fecundidad en el país, me gustaría concentrarme en los cambios demográficos que podemos esperar si las bajas tasas de fecundidad continúan de manera sostenida. Bolivia es un ejemplo particularmente interesante pues presenta dos elementos que no están presentes, o no tienen la misma magnitud, en muchas economías desarrolladas: i) Bolivia presenta una emigración neta, es decir, salen del país más personas de las que ingresan; y ii) dentro del territorio nacional existen comunidades con tasas de fecundidad muy superiores al promedio. ¿Qué cambios importantes podemos esperar en la composición de la sociedad si estas tendencias se mantienen en el largo plazo?
¿Cuándo podría alcanzar Bolivia su pico de población?
Fernández-Villaverde propone una regla de bolsillo para pensar esto sin modelos, que llama «la regla de 85»: si un país tiene una esperanza de vida de 85 años y mantiene constante su número anual de nacimientos, su población de largo plazo es simplemente los nacimientos multiplicados por 85. La esperanza de vida de Bolivia es 73,2 años, así que el multiplicador es ése.
El INE proyecta 153.204 nacimientos para 2026. Sostenidos indefinidamente, dan una población de largo plazo de 11,2 millones de personas. Bolivia tiene hoy 11,98 millones. Es decir: el país ya nace por debajo de su propio tamaño, antes de contar un solo emigrante. Dicho de otra forma, una vez que la tasa bruta de natalidad cae por debajo de 1.000/73,2 = 13,66 por mil, los nacimientos ya no alcanzan para mantener la población. La de Bolivia en 2026 es 12,77.
A eso hay que sumarle la primera de las dos particularidades: la emigración.
El INE proyecta para 2026 una emigración neta de 42.042 personas. Contra 153.204 nacimientos, eso deja 111.162 «nacimientos efectivos», el equivalente contable de una fecundidad de 1,13. No es una medida de cohorte —quien emigra tiene 25 años, no cero— pero como aritmética de reposición dice algo verdadero: por cada cuatro bolivianos que nacen, uno se va.
Y no se van al azar. El Censo 2024 trae un módulo de emigración internacional que casi nadie ha usado: 232.592 personas salieron del país entre 2019 y 2024 y no habían vuelto al momento del censo. La edad mediana al salir es 25 años y el 76,5 % tenía entre 15 y 39. Es decir, se va exactamente la gente que iba a tener los hijos. El destino también cambió: Chile, con 86.958 emigrantes recientes, desplazó a Argentina (47.390) y a Brasil (47.031) como primer destino de la emigración boliviana.
Con esos dos ingredientes rehicimos la proyección. Es un modelo de cohorte-componentes estándar, con una diferencia: todos los insumos están medidos en el censo —la estructura por edad y sexo, la tabla de vida construida con el módulo de mortalidad, el patrón por edad de la emigración— y la fecundidad es la que proyecta el INE. Como control, el modelo reproduce los nacimientos del anexo oficial del INE para 2026 con una diferencia del 2 % y la población de 2031 con una del 0,2 %.
Con los supuestos del propio INE, la población de Bolivia llega a su máximo de 12,22 millones alrededor de 2041 y a partir de ahí cae. En 2101 quedan 6,03 millones de personas, la mitad de hoy. El punto de quiebre llega antes de esa fecha: los nacimientos vienen cayendo y las defunciones subiendo, porque una población que envejece muere más aunque la mortalidad por edad mejore, y las dos curvas se cruzan hacia 2046. A partir de ese año Bolivia pierde población por vegetación propia, y la emigración solo agrava lo que ya ocurre.
Las dos líneas restantes del gráfico acotan el resultado. Si la fecundidad no rebota y sigue el camino que Fernández-Villaverde considera probable para la región —alrededor de 1,2—, el máximo se adelanta a 2036 y en 2101 quedan 4,92 millones. Y si Bolivia dejara de perder gente, el mismo escenario del INE sin emigración da un máximo de 13,16 millones en 2051 y 8,96 millones en 2101: la emigración le cuesta al país 2,9 millones de personas en el horizonte del siglo, casi tanto como toda la caída de la fecundidad.
¿Seremos mayoritariamente alemanes en 2100?
La segunda particularidad es que en Bolivia conviven fecundidades muy distintas. Y aquí volvemos a la familia de la cola.
El Censo no pregunta por religión, así que no podemos contar directamente a los menonitas. Pero hay una forma razonable de aproximarnos a ellos: su idioma. En las colonias se habla plautdietsch, que en el Censo aparece registrado dentro del código de «alemán». Con ese criterio, el Censo 2024 identifica a 88.757 personas en 16.402 hogares distribuidos en 62 municipios. El 98,8 % vive en áreas rurales. En Pailón representan el 42,3 % de la población y en San José de Chiquitos, el 37,5 %.
La fecundidad de esta población está alrededor de 5,9 hijos por mujer, unas tres veces la del resto de Bolivia. Además, a diferencia de lo que ocurre en el conjunto del país, sigue siendo muy alta. Los menonitas representan hoy apenas el 0,8 % de la población, pero ya explican el 2,6 % de los nacimientos. Si esa diferencia se mantiene durante varias generaciones, su peso relativo crece rápidamente, incluso sin que nadie cambie su comportamiento.
Fernández-Villaverde hizo justamente ese ejercicio: proyectó durante cien años una Bolivia dividida en dos grupos, manteniendo constantes sus parámetros demográficos. Supuso una fecundidad de 7 hijos por mujer entre los menonitas y de 1,51 en el resto de la población. Bajo esos supuestos, los menonitas llegarían a representar el 64,5 % de la población en 2126. En esta entrada plantearemos los mismos escenarios tomando en cuenta los datos oficiales de 2024, para ver cómo se comportan las dinámicas demográficas con supuestos más conservadores.
Para empezar, la población de partida no sería de 150.000 personas, sino de unas 93.100 en 2026: los 88.757 registrados por el Censo, ajustados por la omisión censal y el crecimiento observado. Tampoco parece razonable utilizar una fecundidad de 7 hijos. El dato actual está más cerca de 5,9; el 7,0 corresponde a la descendencia final de las mujeres nacidas entre 1965 y 1969, es decir, a una generación que tuvo sus hijos hace varias décadas.
Y hay otro dato que suele quedar fuera de estas proyecciones: las colonias también pierden población. Al comparar los dos censos, encontramos que solo permanece el 85,1 % de quienes tenían entre 4 y 64 años en 2012, cuando por mortalidad cabría esperar que sobreviviera aproximadamente entre el 96 % y el 97 %. Eso implica una pérdida neta importante.
Aquí conviene hacer una precisión. No podemos afirmar que toda esa diferencia sea emigración. El módulo de emigración del Censo registra apenas unas 250 salidas de hogares menonitas entre 2019 y 2024, ocho veces menos que en el resto del país. Pero hay una limitación evidente: si una familia entera abandona una colonia, el hogar que quedó ya no puede declarar que alguien de esa familia emigró. Por eso, más que hablar de emigración registrada, lo prudente es hablar de pérdida neta de población.
Con estos datos, la historia sigue siendo demográficamente llamativa. La fecundidad menonita continúa siendo muy elevada; sin embargo, también existen mortalidad, pérdidas de población y cambios generacionales que hacen que una proyección a cien años dependa mucho de los supuestos con los que se construya.
El gráfico pone a prueba cuatro escenarios construidos con la misma aritmética, pero con supuestos distintos. Uno reproduce los parámetros utilizados por Fernández-Villaverde: 150.000 menonitas y una fecundidad de 7,0 hijos por mujer. Otro utiliza los datos que podemos medir ahora con el Censo: 93.100 personas, una fecundidad de 5,9 y una pérdida neta de población de 9,6 por mil. Los otros dos sirven para ver qué ocurre si asumimos un mayor subregistro de la población menonita o si la fecundidad del resto de Bolivia continúa cayendo hasta 1,20 hijos por mujer, en lugar de estabilizarse alrededor de 1,47.
¿Entonces los menonitas llegarán a ser mayoría en Bolivia antes de 2100? No, al menos no bajo estos escenarios. Con los parámetros medidos en el Censo, en 2101 representarían alrededor del 9 % de la población y algo más de un tercio de los nacimientos. Con los parámetros utilizados por Fernández-Villaverde, llegarían al 34 % de la población y concentrarían tres de cada cuatro nacimientos. Incluso la fecha en que alcanzarían la mitad de los nacimientos cambia considerablemente: sería 2081 en el escenario de Fernández-Villaverde y 2116 con los parámetros medidos en el Censo, una diferencia de 35 años. Y en ninguno de los escenarios llegarían a ser mayoría de la población durante el próximo siglo.
Lo importante, sin embargo, no es tanto la fecha exacta como la dirección del fenómeno. Los datos cambian considerablemente el ritmo, pero no eliminan la tendencia: una población con fecundidad mucho más alta que el promedio nacional puede aumentar rápidamente su peso relativo.
Una consecuencia de que un grupo con fecundidad más alta gane importancia poblacional es que, en el muy largo plazo, la fecundidad promedio del país puede mejorar, suavizando parte de la caída que estimamos en la primera sección. Con los parámetros medidos en el Censo, la fecundidad de Bolivia pasaría de 1,56 hoy a 1,64 en 2076 y a 1,94 en 2101.
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Lo que viene
Hasta acá, contabilidad demográfica. Las consecuencias del descenso acelerado de la natalidad sobre el crecimiento y la productividad, sobre el sistema de pensiones y la política fiscal, y sobre las estructuras familiares y el cuidado deben ser abordadas de forma sistemática, espero hacerlo en las próximas entradas.
Referencias
- Instituto Nacional de Estadística (2026). Estimaciones y proyecciones de población de Bolivia, departamentos y municipios/TIOC. Revisión 2025. La Paz, marzo. El límite inferior de 1,4 y la recuperación supuesta a 1,5 desde 2040 están en la página 19; el Anexo 1 (página 68) trae la proyección de indicadores demográficos 2024-2034. ↗
- Fernández-Villaverde, J. (2026). A Recent Population History of Latin America and the Caribbean. University of Pennsylvania, NBER y CEPR, 15 de septiembre. ↗
- Fernández-Villaverde, J. (2026). Presentación del estudio sobre América Latina en la 3.ª Conferencia de investigación del BID, día 2 (desde 1:45:47). ↗
- Fernández-Villaverde, J. (2026). Hilo sobre la fecundidad de Bolivia en 2026 y la proyección a cien años de la población menonita. X, septiembre. ↗
- Instituto Nacional de Estadística (2025). Censo de Población y Vivienda 2024, microdato de persona, vivienda, mortalidad y emigración internacional.
- Banco Mundial. Indicadores del desarrollo mundial, tasa de fecundidad total (SP.DYN.TFRT.IN), serie 1960-2024. ↗
Nota sobre las cifras. Toda la fecundidad de esta entrada es la oficial del INE (Revisión 2025). Trabajando directamente con el microdato del Censo 2024 se llega a otros niveles: el método directo —nacimientos declarados en los últimos doce meses— da 1,79 para 2024, y 1,95 si se reponen las dos no respuestas del módulo de fecundidad, contra 1,69 del INE. El método de hijos propios, que no usa ese módulo, da 1,79 para 2022 y confirma la pendiente. Eso mueve el nivel, no la tendencia: rehecha la proyección con el nivel del censo, el máximo de población se corre de 2041 a 2046 y pasa de 12,22 a 12,56 millones, la población de 2101 sube de 6,0 a 7,6 millones, y la participación menonita en 2101 baja de 9,0 % a 7,2 % de la población. En ningún caso cambia el signo ni el orden de magnitud.
Fuentes y método: los cálculos propios se hacen sobre el microdato del Censo de Población y Vivienda 2024 del INE (11.365.333 registros de persona, más los módulos de mortalidad y emigración internacional) y sobre el microdato del Censo 2012. La proyección de cohorte-componentes es propia, en grupos quinquenales y pasos de cinco años, con tabla de vida construida desde el módulo de mortalidad del censo y recalibrada a la esperanza de vida proyectada por el INE; reproduce los nacimientos del anexo oficial con una diferencia del 2 %. El código y los datos intermedios están disponibles a pedido.