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POLÍTICA Y SOCIEDAD

Conflictividad y protesta social en tiempos de crisis económica

Una Asamblea con 94% de oposición no garantiza reformas: el ajuste fiscal dependerá del arte de construir consensos capaces de resistir la conflictividad social anunciada.

6 min de lectura
Conflictividad y protesta social en tiempos de crisis económica

El arte de generar consensos

La agenda económica está ocupando el centro de las discusiones, y con razón. Nos encontramos ante un panorama realmente desolador: Inflación anualizada del 23% para el mes de septiembre, colas interminables en búsqueda de combustibles, una brecha cambiaria de más del 100%, escasez de divisas, y un largo etcétera. Sin embargo, lo urgente de lo económico no debería distraernos de otras cosas importantes.

El próximo gobierno no debe perder de vista el siguiente hecho: Cualquier agenda de reformas económicas, sean para mejor o peor, más liberales o centralizadoras, dependerá en gran medida de su capacidad para generar consensos y coaliciones dentro de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). En otras palabras, atacar el déficit recortando el gasto público o levantar –total o parcialmente– el subsidio a los hidrocarburos será inviable si no se cuentan con los medios necesarios para impulsar dichas propuestas.

Si bien los resultados del 17 de agosto no nos arrojaron a un claro ganador de la contienda presidencial, sí nos definieron la configuración de la próxima ALP. Si observamos la distribución por bancadas, nos toparemos con un dato que, de buenas a primeras, parece esperanzador: De los 166 asambleístas (36 senadores y 130 diputados), 156 corresponden a la hasta ahora oposición. Esto representa cerca del 94% de la ALP, dejando un 6% para los partidos del MAS-IPSP y Alianza Popular. Este giro en la Asamblea permitiría, a priori, que las leyes de ajuste económico sean presentadas en un entorno mucho más favorable.

Ante la incapacidad de generar nuevos y mejores consensos, sólo nos quedará esperar que las propuestas de ajuste económico, tan necesarias como urgentes, queden estancadas como proyectos de ley en alguna de las cámaras de la ALP. Gobernar por medio de decretos, salvo situaciones de urgencia extrema, tampoco contribuiría a la legitimidad del gobierno. La solución, luego, pasa por el arte de la generación de consensos. Esperemos que el largo invierno que supuso prescindir de acuerdos por más de veinte años no haya nublado el recuerdo de lo que implica negociar y pactar para que una ley camine.  

Escenarios conflictivos

Dejando de lado las posibles simpatías de los partidos de oposición (Libre, PDC, Súmate, Unidad) con un programa de ajuste fiscal y de corrección de los desequilibrios macroeconómicos, es importante llamar la atención sobre otro hecho que va más allá de la economía: la conflictividad social.

No es solo que las próximas autoridades deberán luchar para construir consensos políticos, sino que, además, éstos deberán ser lo suficientemente sólidos como para resistir la movilización y protesta anunciada por aquellos sectores que, tras las elecciones de este domingo, serán desplazadas por una nueva camada de élites gobernantes. Nos referimos, por supuesto, a las declaraciones vertidas por actores como el expresidente Evo Morales, sobre quien pesa una orden de aprensión, y de instituciones afines a su persona.

Por dar un par de ejemplos que ilustran la gravedad de la situación, en el marco del Encuentro Internacional “MIA” (Movimiento Intercontinental Anticolonialista”, Morales anunció: “En el Trópico de Cochabamba –quiero que sepa Bolivia y el mundo–, aquí estamos preparados nuevamente para derrotar a los gobiernos neoliberales”. No menos preocupantes son las declaraciones del diputado Freddy López, del Movimiento Al Socialismo: “Si en dos años no hay resultados, va a venir nomás (…) el momento de lanzar el revocatorio” (Correo del Sur, 2025).

En la misma línea se pronunció el nuevo secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, Mario Argollo, quien dio las siguientes declaraciones: “Cuando nos organizamos, vamos a ser más fuertes y vamos a estar aquí, poniendo el pecho a las balas, ante cualquier situación que vaya en contra de todos los trabajadores y en contra de conjunto del pueblo boliviano” (El Deber, 2025).

Cabe destacar que, sin la participación de la COB y su entonces ejecutivo, Juan Carlos Huarachi, no hubiera sido posible concretar la salida del expresidente Morales ante la denuncia de manipulación electoral en las elecciones de 2019. Luego, no debe subestimarse el papel simbólico de este tipo de declaraciones, lanzadas contra un gobierno que, de momento, no se ha conformado.

El mismo espíritu fue expresado por José Luis Álvarez, dirigente del magisterio urbano de La Paz, quien, sin embargo, optó por un lenguaje más provocador: “El próximo gobierno tendrá una dura resistencia de los trabajadores (…) porque con sus propuestas nos están anunciando guerra antes de llegar al gobierno y lo que corresponde es prepararnos” (Ahora El Pueblo, 2025).

La viabilidad del ajuste económico, así como de la gobernabilidad política, dependerán de la minimización del impacto negativo que cabe esperar de estas marchas y movilizaciones. A comienzos de 2025 fuimos testigos del embate económico que supuso la protesta tras la inhabilitación de Morales. El objetivo, por tanto, es contener de la mejor manera posible –tanto por el uso del diálogo como del uso estratégico de las fuerzas del orden– manifestaciones de violencia que pongan en juego la estabilidad del país entero.

Es imperativo que la molestia exteriorizada por estos grupos pueda ser canalizada contra las propuestas que nos pusieron en esta situación en primer lugar. Es decir, se debe atacar la causa de la enfermedad, no al médico que aplica una medicina amarga. Lejos de criminalizar la protesta, siempre y cuando sea pacífica y bien direccionada, el diálogo será la única herramienta que impedirá todavía más conflictos, ante un posible desborde y uso excesivo, desproporcionado, de la fuerzas estatales del orden.

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Conclusión

Es cierto que el ajuste propuesto tendrá un impacto negativo en áreas como la pobreza o los precios; sin embargo, el precio de no ajustar es todavía mayor. Lo experimentamos cada vez que vamos a los mercados y nos encontramos con precios por las nubes, o cuando destinamos hasta media jornada buscando combustible. La comunicación de los efectos positivos del ajuste, no únicamente los negativos, será fundamental para que su aplicación sea efectiva a nivel nacional. Caso contrario, los desequilibrios macroeconómicos, como el déficit fiscal crónico que se viene arrastrando desde el 2014, continuarán causando estragos en nuestro día a día.

Resulta evidente, pues, que nos encontramos ante algo más que un desafío económico. Es, además, un reto político que demanda astucia y compromiso con la generación de consensos y un diálogo permanente, especialmente con aquellos sectores que serán más golpeados por la crisis económica. Hablamos de profesores, transportistas, artesanos y otros grupos que se encuentran en situaciones vulnerables. Más allá de la economía se encuentra la salida de la crisis. Antes de salir del pozo, es necesario dejar de cavar.

Referencias

Ahora El Pueblo (2025) Anuncian “resistencia” contra el próximo gobierno ante inminentes “paquetazos”, recuperado de: https://ahoraelpueblo.bo/index.php/nacional/politica/anuncian-resistencia-contra-el-proximo-gobierno-ante-inminentes-paquetazos.

El Deber (2025) “Aquí está la COB” advierte el nuevo secretario ejecutivo del ente laboral al futuro gobierno, recuperado de: https://eldeber.com.bo/pais/2025-10-10-23-9-48-aqui-esta-la-cob-advierte-el-nuevo-secretario-ejecutivo-del-ente-laboral-al-futuro-gobierno.

Correo del Sur (2025) Antes de la segunda vuelta amenazan al ganador, recuperado de: https://correodelsur.com/politica/20251014/antes-de-la-segunda-vuelta-amenazan-al-ganador.html.

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Retrato de Oscar Mario Tomianovic
Oscar Mario Tomianovic Economista e investigador

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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