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ECONOMÍA INTERNACIONAL

Comprendiendo la enfermedad holandesa en el contexto Boliviano

Bolivia exhibe casi todos los síntomas del mal que aprecia el tipo de cambio real y asfixia a los sectores que no son el gas. Pero exhibir los síntomas no es lo mismo que padecer la enfermedad.

5 min de lectura
Comprendiendo la enfermedad holandesa en el contexto Boliviano

Dada la recesión económica que atraviesa Bolivia, en los últimos meses el concepto de enfermedad holandesa reapareció en paneles de discusión, entrevistas y columnas de prensa. Pese a que se menciona constantemente, son pocos quienes comprenden con precisión de qué se trata, por lo que conviene definir con cuidado un fenómeno del que tanto se habla. Algunas lecturas la asocian con la apreciación del tipo de cambio real provocada por el exceso de dólares (Los Tiempos, 2023), o con la dependencia de exportar un recurso sin diversificar la economía (El Deber, 2025). Ninguna de estas definiciones es estrictamente errónea, pero solo capturan la enfermedad holandesa parcialmente.

¿Qué es la enfermedad holandesa?

El término “enfermedad holandesa” apareció por primera vez en 1977, en la revista The Economist sobre el impacto que tuvo el descubrimiento de gas natural en el Mar del Norte sobre la economía de Países Bajos (The Economist, 1977). Pocos años después, Corden and Neary (1982) formalizaron la enfermedad holandesa en una teoría económica, mostrando los mecanismos por los cuales un boom en un sector golpea la competitividad de los bienes transables y fuerza una reasignación de recursos. En concreto, la enfermedad holandesa es el proceso por el cual un boom de recursos naturales aprecia el tipo de cambio real y encarece la producción local, acapara los recursos hacia esta industria, restando competitividad a los demás sectores transables y reconfigurando la estructura productiva del país.

Mecanismos de transmisión

El modelo de (Corden and Neary, 1982) identifica dos canales de transmición. El primero es el efecto de movimiento de recursos: el trabajo y el capital se desplazan hacia el sector en auge, atraídos por mayores retornos, contrayendo directamente a los demás sectores transables (como por ejemplo la manufactura), en lo que se conoce como “desindustrialización directa” (Corden and Neary, 1982). El segundo es el efecto gasto: los mayores ingresos elevan la demanda interna de bienes y servicios no transables, suben sus precios relativos y provocan una apreciación del tipo de cambio real. Esa apreciación abarata las importaciones y encarece la producción nacional, restando competitividad a los exportadores, en lo que se denomina “desindustrialización indirecta”. Así, el tipo de cambio real se convierte en el principal canal de transmisión.

Extensiones posteriores enriquecieron este marco. Bruno and Sachs (1982) muestran que, una vez que se admiten los flujos internacionales de capital, la desindustrialización no es instantánea: el ahorro previsor y los superávits de cuenta corriente la difieren en el tiempo, su magnitud depende de la política fiscal.

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¿Por qué Bolivia podría tener enfermedad holandesa?

Bolivia reúne casi todos los rasgos clásicos del fenómeno. Desde principios del siglo XXI, el país vivió uno de los auges gasíferos más pronunciados de la región, impulsado por grandes descubrimientos, precios internacionales favorables y una mayor capacidad de exportación (Cerutti and Mansilla, 2008). Ese auge coincidió con ciclos de reformas profundas como la nacionalización, junto con arreglos fiscales redistributivos, estableciendo el rol central del sector (Pacheco, 2012).

El Gráfico 1, ayuda a entender por qué la sospecha es razonable, muestra cómo las exportaciones de hidrocarburos se dispararon desde montos modestos a inicios de los 2000 hasta un pico cercano a los 6.600 millones de dólares en 2013–2014, para luego caer a menos de 2.000 millones en los años recientes. Por otra parte, el Gráfico 2 muestra la dependencia de la economía nacional en las exportaciones gasíferas. Donde la participación de los hidrocarburos en las exportaciones totales llegó a representar alrededor del 54 % en 2013 antes de descender a cerca del 19 % en 2023.

Ambos gráficos denotan indicios que la teoría vincula con la enfermedad holandesa: una entrada masiva y concentrada de divisas por un solo grupo de productos. Ese flujo de dólares es el que puede presionar al alza en el tipo de cambio real, mientras que el peso dominante del sector en auge genera los incentivos para que el capital y el trabajo se reasignen hacia este sector (al ser una empresa publica esto se puede transformar en movimiento de factores de producción hacia el sector publico). Los cambios institucionales refuerzan esa lectura: el régimen de tipo de cambio fijo, sostenido con reservas internacionales, crea una predisposición estructural a la apreciación real cuando las rentas suben. La evidencia previa sobre Bolivia no es suficiente para determinar si existen síntomas de enfermedad holandesa, pero claramente respalda las sospechas. Trabajos como el de Cerezo Aguirre (2014) hallaron solo señales marginales, pero con muestras que terminan antes del pico de la producción.

Conclusión

La enfermedad holandesa no es una metáfora vaga, sino un mecanismo identificable: apreciación del tipo de cambio real, pérdida de competitividad y transformación de la estructura productiva. A primera vista, Bolivia cumple casi todas las condiciones que la teoría asocia con ese riesgo, lo que explica por qué la sospecha reaparece una y otra vez en el debate público. Pero exhibir las condiciones no equivale a confirmar la enfermedad: determinar si los síntomas efectivamente se manifestaron, y por qué canal, exige un análisis a mayor profundidad. En un país que enfrenta inflación, caída de la producción de gas y reservas en descenso, donde la dependencia del gas ya había sido advertida, responder esa pregunta es parte de entender cómo llegamos hasta esta critica situación.

Referencias

  1. Bruno, M. y Sachs, J. (1982). Energy and resource allocation: A dynamic model of the "Dutch disease". Review of Economic Studies, 49(5), 845–859. ↗
  2. Cerezo Aguirre, S. (2014). Testeando la hipótesis de la enfermedad holandesa en la economía boliviana. Revista Latinoamericana de Desarrollo Económico, (21), 93–116. ↗
  3. Cerutti, E. y Mansilla, M. (2008). Bolivia: The hydrocarbons boom and the risk of Dutch disease. IMF Working Paper 08/154, Fondo Monetario Internacional. ↗
  4. Corden, W. M. y Neary, J. P. (1982). Booming sector and de-industrialisation in a small open economy. The Economic Journal, 92(368), 825–848. ↗
  5. El Deber (2025). Bolivia en números rojos: de la renta del gas a la deuda. El Deber, sección de opinión. ↗
  6. Los Tiempos (2023). La maldición de los recursos naturales. Los Tiempos, columna de opinión. ↗
  7. Pacheco, D. (2012). Gas and development: Rural territorial dynamics in Tarija. Development, 55(2), 181–188.
  8. The Economist (1977). The Dutch disease. The Economist, 26 de noviembre, pp. 82–83.
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Retrato de Freddy Colodro
Freddy Colodro Centro de Estudios POPULI

Investigación y análisis independiente sobre economía y políticas públicas en Bolivia.

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