Seis meses después de que las elecciones presidenciales bolivianas de 2025 pusieran fin a casi dos décadas de gobierno bajo el Movimiento al Socialismo (MAS), el país se encuentra en un momento crítico. El nuevo gobierno heredó una economía cargada de déficits fiscales, reservas menguantes y un sistema moldeado por años de intervención estatal y favoritismo político. Aunque la administración ha manifestado su compromiso con la reforma, su enfoque gradualista plantea una cuestión importante: ¿puede Bolivia restaurar la libertad económica sin simplemente reemplazar un conjunto de intereses privilegiados por otro?
El último informe Libertad Económica del Mundo subraya la magnitud del desafío. Bolivia tiene malas posiciones en áreas como la protección de los derechos de propiedad, la eficiencia regulatoria y la apertura al comercio. No son carencias aisladas. Reflejan un patrón más amplio en el que la discreción política ha sustituido con demasiada frecuencia a reglas previsibles y al intercambio voluntario.
El modelo anterior de Bolivia no era puramente socialista en el sentido clásico. En cambio, evolucionó hacia una forma de corporativismo, en la que el Estado concedía preferencias a grupos específicos —cooperativas, sindicatos y empresas favorecidas— a cambio de apoyo político. En La doctrina del fascismo, Benito Mussolini defendió un “Estado corporativo” donde los sectores económicos se organizaban en torno a corporaciones dirigidas por el Estado en lugar de la libre competencia. La experiencia de Bolivia era obviamente diferente en ideología y contexto, pero la lógica institucional era similar: el acceso político importaba más que la competencia abierta. Como resultado, la productividad se vio afectada y el éxito económico dependió cada vez más de la proximidad al poder que del rendimiento del mercado.
La nueva administración se enfrenta ahora a una tarea difícil: desmantelar estas distorsiones sin crear nuevas formas de privilegio. Este es el riesgo central de cualquier transición. Cuando las reformas no están ancladas en derechos de propiedad seguros, igualdad de trato ante la ley y límites a la discreción política, la liberalización puede convertirse en un proceso de reasignación de rentas en lugar de eliminarlas.
La historia ofrece una lección de advertencia. Cuando la Unión Soviética introdujo la perestroika, muchos observadores creyeron que suponía un cambio genuino hacia una reforma orientada al mercado. Sin embargo, muchas de las mismas redes políticas se adaptaron al nuevo entorno y mantuvieron su influencia a través de diferentes canales. El poder político no fue desmantelado: fue reutilizado. El resultado no fue una economía de mercado plenamente competitiva, sino una reconfiguración del privilegio.
Bolivia enfrenta hoy un peligro similar. Los actores que prosperaron bajo el sistema anterior probablemente no desaparecerán. Se adaptarán. Sin reformas que limiten el favoritismo y amplíen la libertad económica para todos, las políticas orientadas al mercado podrían simplemente empoderar a una nueva coalición de insiders operando bajo otra bandera.
Argentina ofrece un ejemplo más reciente. Bajo Mauricio Macri, se introdujeron reformas gradualmente para evitar la confrontación con intereses arraigados. La intención era comprensible. El resultado fue menos alentador. Las reformas perdieron impulso, persistieron los desequilibrios fiscales y persistieron distorsiones clave. El gradualismo no eliminó la resistencia: le permitió reorganizarse.
La preocupación no es hipotética. Seis meses después de la transición de Bolivia, el gobierno parece inclinarse hacia un enfoque cauteloso. La prudencia política tiene su lugar, pero la historia sugiere que el gradualismo a menudo beneficia a quienes mejor están posicionados para adaptarse. Cuanto más tiempo permanezcan las distorsiones, mayor será la oportunidad para que las redes existentes conserven sus ventajas.
Bolivia no puede permitirse ese resultado.
Las limitaciones económicas del país son severas: déficits fiscales persistentes, disminución de las reservas internacionales y creciente presión sobre los mercados de divisas. Estas condiciones dejan poco margen de demora. La reforma incremental puede parecer políticamente prudente, pero corre el riesgo de prolongar la inestabilidad y aumentar el coste final del ajuste.
Sin embargo, una reforma audaz no significa una reforma temeraria. El objetivo no es simplemente mercados más grandes, sino una mayor libertad económica: un entorno donde los individuos sean libres de tomar sus propias decisiones económicas, competir en igualdad de condiciones y triunfar a través de la innovación más que de las conexiones políticas.
Primero, hay que reforzar el Estado de derecho. Derechos de propiedad seguros, sistemas legales predecibles y una ejecución creíble de contratos son esenciales para la inversión y el crecimiento a largo plazo.
Segundo, la transparencia debería sustituir a la opacidad, y las normas deberían sustituir a la discreción. Limitar la toma de decisiones arbitrarias reduce las oportunidades de búsqueda de rentas y mejora la rendición de cuentas.
Tercero, la competencia debe protegerse. Los mercados funcionan eficazmente solo cuando la entrada está abierta y las empresas compiten en igualdad de condiciones.
La evidencia de la literatura sobre la Libertad Económica del Mundo muestra consistentemente que los países con mayor libertad económica tienden a lograr mejores resultados a largo plazo en crecimiento, inversión y nivel de vida. Estos avances surgen cuando los gobiernos establecen normas estables, protegen los derechos de propiedad y permiten que las personas aprovechen oportunidades sin interferencia política.
Por tanto, la transición de Bolivia no se trata solo de cambiar políticas. Se trata de redefinir la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad. La cuestión ya no es si la reforma se producirá, sino si será significativa.
La respuesta determinará si Bolivia avanza hacia una economía más abierta y competitiva, o si simplemente remodela las estructuras de privilegio existentes bajo un nuevo nombre.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés por el Fraser Institute: Bolivia at a crossroads—economic freedom without crony capitalism.