¿Van Bolivia y la productividad de la mano?
Productividad
Resumen Ejecutivo
La productividad total de factores boliviana medida en relación con Estados Unidos se ha mantenido prácticamente constante desde 1954: el país no es más productivo hoy que hace setenta años, y medida con base 2017 ha caído sostenidamente. El documento parte de la frase de Krugman —«la productividad no lo es todo, pero en el largo plazo lo es casi todo»— y usa las Penn World Table para mostrar que la productividad no está predeterminada: los países pueden volverse más o menos productivos, y el caso de Venezuela lo ilustra dramáticamente, con su productividad de 2019 en poco más de la mitad del nivel de 2017. La explicación boliviana es de política económica y tiene fases identificables: la economía estatizada tras la revolución de 1952 derivó en la hiperinflación de comienzos de los ochenta; la liberalización de los ochenta y noventa permitió recuperaciones parciales; y desde inicios de los dos mil se retomó un modelo con más regulación, nacionalización de industrias estratégicas e industrialización forzada. El documento cierra el argumento con dos cruces de datos. El primero relaciona productividad con PIB per cápita y muestra la pendiente esperada: a mayor productividad, mayor renta. El segundo, más específico, mide el efecto de la liberalización sobre la productividad en países seleccionados —Alemania, Argentina, Chile, China, Estados Unidos, Etiopía, Georgia, India, Japón y Reino Unido— y encuentra que los mayores aumentos ocurren cuando economías reprimidas atraviesan períodos de apertura comercial. El mecanismo teórico es el sistema de precios funcionando sin distorsiones: depura las inversiones erróneas y reasigna los recursos escasos hacia donde más se necesitan.