Salario Mínimo Nacional: ¿Cuáles son sus efectos sobre el empleo?
Salario mínimo y empleo (Card)
Resumen Ejecutivo
El salario mínimo nacional boliviano creció 10,14% anual promedio entre 1992 y 2022 mientras la inflación promedió 5,21%, y desde 2001 el salario mínimo real subió 4,8% anual frente a una productividad media real que creció 0,9%. El documento parte de ese desajuste medido y hace algo poco habitual: revisa honestamente la literatura antes de sacar conclusiones. Brown, Gilroy y Kohen (1982) encontraban que un alza de 10% reducía el empleo adolescente entre 1% y 3%. Card y Krueger (1994), con el caso de Nueva Jersey, no hallaron indicio de reducción de empleo y abrieron la New Minimum Wage Research; Neumark y Wascher (2000), replicando con datos de nómina, encontraron una caída de 3,9% a 4,0%; y Angrist y Pischke objetaron el grupo de control. Azar y coautores (2019) reconcilian el desacuerdo: desagregando por concentración del mercado laboral, los efectos son negativos en los sectores competitivos y positivos en los monopsónicos, de modo que un efecto agregado cercano a cero esconde ganadores y perdedores. Y la destrucción de empleo es sólo uno de seis canales: Meer y West (2013) hallan que un alza del 10% reduce en 25% el ritmo de creación de empleo; también operan la reducción de horas, la de salarios en especie, la sustitución de trabajadores no calificados por calificados, y el alza de precios que MaCurdy (2015) muestra netamente perjudicial para los más pobres. Para Bolivia, Claure y otros (2017) encuentran cumplimiento parcial de la norma y efectos heterogéneos por género: los hombres ganan salario real sin perder empleo, las mujeres ganan menos y se informalizan. Urquidi y otros (2020) miden −0,1 pp de ocupación por unidad de salario mínimo.