Inversión Extranjera Directa: Condición necesaria para el crecimiento económico de Bolivia
Resumen Ejecutivo
Bolivia captó el 1,31% de la inversión extranjera directa que llegó a Sudamérica en 2013, y ese no es un mal año aislado: entre 1970 y 2013 el país promedió aproximadamente el 1% del total regional, un patrón histórico y no una circunstancia. Brasil captó 48,03% en 2013, Chile 15,19% y Colombia 12,58%. El documento traza la serie boliviana desde 1975: el flujo despega en los noventa impulsado por las leyes de apertura de 1990, 1992 y 1994, llega a su máximo de USD 1.026 millones en 1998 con la capitalización, y colapsa en 2005 con una salida neta de USD 287,8 millones, coincidiendo con el cambio político y las expectativas sobre las instituciones. La volatilidad interanual es extrema —variaciones de +187,5% y −436,8%—, señal de que el capital responde rápido a la coyuntura. Dos rasgos preocupan más que el monto. El primero es la composición: la IED se concentró cada vez más en actividades extractivas, del 49,8% en 2000-2004 al 63,9% en 2005-2009 y al 69,7% en 2010-2014, un sector que absorbe poca mano de obra y transfiere poca tecnología. El segundo es que la relación entre IED y crecimiento es condicional. Borensztein, De Gregorio y Lee (1998) muestran que hace falta una fuerza laboral suficientemente formada para capturar los efectos derrame; Alfaro y coautores (2000), que hace falta un sistema financiero desarrollado. Bolivia falla en ambas: la profundización financiera aún no recupera los niveles de fines de los noventa, y su matriculación secundaria está por debajo de Brasil, Colombia, Argentina y Chile —justamente los países que más IED atraen. También cambió el origen: Estados Unidos aportaba 35,73% en 2000-2004 y 6,15% en 2010-2014, mientras España pasó a 30,51%.