Informe Seminario: La Calidad de la Educación Pública: ¿Un Asunto Olvidado?
Calidad de la educación pública
Resumen Ejecutivo
En el área urbana boliviana, un hombre que estudia once años —secundaria incompleta— obtiene un retorno de ingreso cercano a cero, e incluso negativo: −15% con básica completa, −13% con primaria completa, −10% con secundaria incompleta. Recién al terminar el bachillerato sube 15%, con una técnica 23%, y sólo la universidad lo lleva a 104%. En las mujeres la curva es menos brutal pero igual de tardía: 3% al terminar primaria, 47% con secundaria completa y 129% con universidad (Andersen y Wiebelt, 2003, sobre MECOVI 2001). Diecisiete años de estudio para que el mercado laboral pague la diferencia: ese es el precio de una educación que no enseña. La medición directa confirma el retorno indirecto. En las pruebas de la UNESCO de 1997, sobre un máximo de 400 puntos, ningún país latinoamericano se acerca al techo, y las escuelas públicas bolivianas registran el peor puntaje de la región en lenguaje de cuarto grado. College y McEwan (2002), comparando SIMECAL en Bolivia y SIMCE en Chile, atribuyen más del 50% de la brecha de desempeño entre alumnos indígenas y no indígenas al establecimiento al que asisten y sólo 23% a las características del hogar: el colegio pesa más que la casa, lo que vuelve la política educativa un instrumento efectivo. Dos desequilibrios cierran el cuadro. La secundaria está subfinanciada —Bolivia le destina cerca del 15% del gasto educativo cuando el promedio mundial supera el 30%— y no está enlazada al mercado de trabajo: según la OIT la pirámide ideal tendría 80% de mano de obra calificada, y en Bolivia sólo el 1% puede aplicar sus conocimientos laboralmente. El país, además, no tiene hoy sistema de medición de calidad educativa.