Evaluación del sector hidrocarburífero boliviano
Maldición de los recursos
Resumen Ejecutivo
La producción boliviana de gas natural cayó 35% desde 2015 y la inversión en el sector se desplomó 83% —de USD 1.500 millones en 2014 a cerca de USD 250 millones en 2022. El documento traza el arco completo del sector, desde la primera nacionalización de Sudamérica hasta el desequilibrio actual. La historia empieza con David Toro estatizando la Standard Oil en 1936 y fundando YPFB; sigue con la nacionalización de la Gulf Oil en 1969 bajo Ovando, que costó una indemnización de USD 100 millones y el aislamiento crediticio; pasa por la Ley de Hidrocarburos de la capitalización, que reservó la exploración a la inversión extranjera; y llega al DS 28701 «Héroes del Chaco» de 2006. El diagnóstico técnico es el aporte central. Medinaceli señala que la inversión se destinó a sobreexplotar campos descubiertos en el pasado para maximizar regalías e impuestos, descuidando la reposición de reservas. A eso se suma la baja ejecución presupuestaria: en 2021, ninguna de las filiales, casas matrices o empresas operadoras superó el 70% de ejecución, y la casa matriz apenas llegó al 27%. El resultado es un desequilibrio de tenaza. La oferta cae mientras la demanda interna crece y las exportaciones a Brasil y Argentina se reducen: el gas pasó de casi el 50% de las exportaciones totales en 2013 —más de USD 6.000 millones— a poco más de USD 2.000 millones y menos del 22% en 2022. Y como el consumo interno está subsidiado, las importaciones de diésel y gasolina subieron 96% en un año, hasta USD 2.092 millones en 2022, alimentando el desabastecimiento y las filas.