El Sector Energético en Bolivia: Urgencia de nuevas políticas públicas
Inversión y reservas de gas
Resumen Ejecutivo
Un habitante de Estados Unidos consumió en 2007 unas 7,7 toneladas equivalentes de petróleo de energía, el promedio latinoamericano 1,2 y el boliviano 0,3: la escala del consumo energético acompaña la del desarrollo. Bolivia va en la dirección contraria. La inversión en hidrocarburos, que alcanzó USD 605 millones en 1998 y USD 580 millones en 1999 —el período que multiplicó por diez las reservas de gas y permitió la venta a Brasil, hoy cerca del 50% de las exportaciones nacionales—, cayó a unos USD 200 millones anuales en los últimos cuatro años. La segunda encuesta energética del Instituto Fraser, respondida por cerca de 396 ejecutivos sobre 81 jurisdicciones, coloca a Bolivia como el país menos atractivo del mundo para invertir en el sector. Los porcentajes son rotundos: el 100% de las empresas señala que el sistema regulatorio, el sistema burocrático y las regulaciones comerciales deterioran el clima de inversión, y que la infraestructura pública no es adecuada; el 89% que el precio del mercado interno desincentiva; el 82% que las regulaciones laborales son costosas; el 80% que falta capital humano especializado; el 75% que las regalías e impuestos son una barrera. Las consecuencias ya se miden. Las reservas de gas bajaron de unos 28 trillones de pies cúbicos en 2002 a 18,22 en 2008. Entre 2006 y 2008 la producción de petróleo cayó cerca de 7% y la de GLP cerca de 28%, con colas por diesel, gasolina y garrafas. Y el gas entregado a ductos promedia 37,9 MMmcd cuando los contratos con Brasil y Argentina exigen 55,7: faltan 17,8 MMmcd. Desde que empezó a exportar en 1970, Bolivia nunca había incumplido un contrato de venta.